Cuando salió en la conversación el fenómeno de la ciclogénesis explosiva un amigo afirmó rotundamente: El viento trae cosas buenas y se lleva las malas. Y seguimos tomando el café dando por zanjado el tema. El viento trae cosas buenas...Con eso me quedé... Me lo guardé en mi interior. Y seguí con mi quehacer diario.
Hoy han rondado vientos fuertes por mi cabeza y por mi casa. Y cuando caminaba se colaba arenilla en los ojos. Pero no lloraba y seguía mi camino. Yo sigo, pase lo que pase.
Esta tarde, mientras veía el oleaje fuerte noté que de mi cuerpo volaba una pesada carga hacia el norte. Y se escapa por los aires. Rumbo al mar. Y me sentí más libre, más ágil y me quedé con la segunda frase de mi amigo: "adiós a las cosas malas".
Pues eso. adiós.
sábado, febrero 27, 2010
miércoles, febrero 24, 2010
Servilletas

"A veces pienso que el cerebro tiene envidia del corazón. Y lo maltrata y lo ridiculiza y le niega lo que anhela y lo trata como si fuera un pie o el hígado. Y en ese enfrentamiento, en esa batalla, siempre pierde el dueño de ambos.
De escrito en servilletas."
David Trueba. 'Cuatro amigos'
David Trueba. 'Cuatro amigos'
Las servilletas de los bares siempre han sido un mundo por descubrir. Uno se puede limpiar en ellas, las puedes arrugar para destensar tu cuerpo ante una discusión, quemarlas con un cigarrillo haciendo filigranas o puedes garabatear en ellas. Miles de dibujos, miles de ideas, miles de cosas en horas muertas de conversaciones discretas, alegres, tristes... dibujos y palabras.
Y lo peor es que muchas veces acaban en la mesa abandonadas. Y recogidas sin mucho interés por los pacientes camareros. Y dejamos ahí trozos nuestros sin darles el valor que merecen. Yo me he propuesto en mi constante "síndrome de Diógenes" no tirar ninguno de estos papelajos que garabatee a partir de ahora. Y hacer si puedo con ellos, cosas tan maravillosas como las que escribe David Trueba.
Y lo peor es que muchas veces acaban en la mesa abandonadas. Y recogidas sin mucho interés por los pacientes camareros. Y dejamos ahí trozos nuestros sin darles el valor que merecen. Yo me he propuesto en mi constante "síndrome de Diógenes" no tirar ninguno de estos papelajos que garabatee a partir de ahora. Y hacer si puedo con ellos, cosas tan maravillosas como las que escribe David Trueba.
jueves, febrero 18, 2010
Direcciones
Llevo unos días repitiendo la misma dirección en mi cabeza: "Siempre hacia adelante. Siempre hacia adelante". ¿Hacía qué lugar? No importa. Hacia adelante. De momento lo importante es seguir y no perder el ritmo para salir de aquello que tanto daño te hizo. Dejarlo atrás.
Y en ese camino me encuentro con el frío, con las sonrisas de un niño, con un buen té, con unas piedras con las que tropezar, con trabajo, con unas cañas mañaneras, con miles de kilómetros de distancia, con el nuevo disco de Tachenko, con unas llaves que no funcionan, un par de libros por estrenar, con sueño, un plato de sopa de verduras impresionante, un guiño de ojos radiante, con un buen trozo de tarta de chocolate, una playa desierta, una bolsa de palomitas para ir al cine, una lágrima contenida, el silencio por respuesta y una señal en las montañas nevadas que me dice: "Sigue adelante".
Y eso es lo que estoy haciendo. Seguir mi camino. Sin prisa. Con velocidad. Sin pausas. De Seguido. Como sea, pero con paso firme y feliz.
lunes, febrero 01, 2010
Preguntas
Cuando uno conduce, las canciones suelen ser buenas acompañantes. Mucho más si vas solo delante del volante. La autopista es monótona y da qué pensar. Y si esas ensoñaciones se acompañan con música el cuerpo se acomoda al viaje, al paisaje y todo se convierte en un trocito habitable.
Hace un par de meses cayó en mis manos una joya musical. Era de noche, en torno a las dos de la mañana. Estaba doblando la última curva de la autopista en Altube camino de regreso a Pamplona. Una vez más. Un fin de semana más. Y de pronto, la lista de reproducción de mi Ipod eligió que era el momento de darme este regalo: 'La luna debajo del brazo' de Quique González.
La noche, entre guitarras, me hizo lentamente esa pregunta: "¿Cuándo vas a venir otra vez por aquí?" Y yo quise contestarle. Pero no me salían las palabras. Sólo silencio y estrellas. Silencio y estrellas. Atento a la voz de Quique, a su melodía, "como si fuera a llevarme la luna debajo del brazo".
Y me vi en verano con el coche de viaje por Cádiz como dice la canción. Con mis amigos, riendo entre salitre y cervezas... Me vi en conversaciones trágicas y alegres con cafés y sillas mal colocadas en los bares de siempre... "como si fuera a llevarme la luna debajo del brazo".
"lo tuvimos tan cerca que nunca lo vimos
lo perdimos tan fácil que valió la pena"
Cuántas cosas pasan por la vida de uno de esta manera y nos damos cuenta de lo importantes que son cuando han pasado.
"y ahora quiero llamarte por teléfono
y decirte que aunque no me diera cuenta en aquel momento
aquello fue importante para mí"
Aquella noche fue importante para mí. Y hay días que me acuerdo de aquello que sentí como nostalgia. Y espero. Con emoción y paciencia. Espero pensando a que la noche me vuelve a preguntar entre guitarras "¿Cuándo vas a venir otra vez por aquí?.
(.... i'm coming .....)
sábado, enero 30, 2010
Pasos y muros
Mi vida siempre ha subido y bajado. Cuestas altas de emociones fuertes y grandes bajadas que no me dejaban ver mi objetivo. Andar, andar... siempre buscando un camino menos pedregoso, menos aspero, donde descansar mis pies. Ingenuo de mí...
Estos días estoy caminando despacio reconociendome sobre un firme liso. No quiero más altibajos. Me he propuesto caminar sobre arena suave que me dé tranquilidad. Y aunque a veces me encuentro alguna duna procuro atravesarla con una sonrisa. Las cuestas son inevitables. Para eso somos complejos, para eso somos seres humanos. Pero la manera de enfrentarte a ellas es lo que realmente le hace a uno crecer y no sufrir más de la cuenta. Sé que voy a ver muchos muros en mi vida, muchas pendientes y muchos abismos, pero voy a procurar sonreír más y asumir que van a estar siempre ahí porque como me decía mi amigo D.: "Atravesar un muro es imposible, lo mejor es habitarlo."
lunes, enero 18, 2010
Tranquilidad.
Las ciudades tienen sus formas de ser. Unas son ruidosas y alegres. Otras agresivas pero entrañables; las hay ariscas, sucias, entrañables, nostálgicas..... Para mí Wahington es una ciudad tranquila.
Tras el bullicio neoyorkino, cuando mi cuerpo cansado llego a la capital de los Estados Unidos se adormeció y vivió los días en una tranquilidad. Ya me lo habían dicho, Washington es un lugar en el que todo pasa relajado, no hay prisa. Es perfecto para ir con niños... je,je
Yo no iba con niños, pero he de reconocer que en algunos momentos volví a mi infancia viendo el Museo de Historia Americana o recorriendo los lugares infinitos del Museo de Historia Natural y el del Espacio.
En Washington se puede pasear, respirar, estar tranquilo y conversar con los amigos sin prisa por la hora. En mitad del Mall, la pradera que va desde la Biblioteca del Congreso hasta el Monumento de Lincoln, hay compañeros de empresa que juegan al fútbol en su ratos libres, gente haciendo tai-chi y mucha luz y silencio de ese necesario para recuperar la sonrisa perdida con el paso de los días. Porque el tiempo es importante y aquí, en Washington, la gente lo sabe disfrutar.
domingo, enero 17, 2010
Aviones....
¿A quién no le gusta volar? Vale... A veces da miedo. Lo sé. Yo que tengo vértigo soy la primera persona en decirlo... Pero volar es maravilloso. Es una pena que los aviones tengan tan pequeñitas las ventanas. Con lo que me gusta a mi mirar a través de esos circulitos. Todo pequeño, todo reconocible. Ver los montes, los ríos, imaginarme cómo son los pueblos por los que sobrevuelas. Cómo serán sus gentes, qué preocupaciones tendrán, cómo será su día a día, su vida. Aprender. Aprender. Sobrevolar y observar....
En Washington hay un pequeño homenaje a ese sueño que a todos nos ilumina la cara. En el Museo del aire y del Espacio de la ciudad se encuentra el viejo avión que todos conocemos como el Espíritu de Sant Louis. El auténtico. El de metal con sus tornillos, su soldaduras y sus ruedas y hélices finas que dan miedo.
Allí colgado en las alturas del gran hall, el primer avión que atravesó el Atlántico sin parar es un sueño infantil para todo el que pasa. Cuando entramos al Museo cientos de niños miraban hacía arriba a ese pequeño aeroplano. Había naves, misiles, estaciones planetarias, equipajes, trajes de astronautas... pero este pequeño avión tenía un espacio especial en los corazones de todos. Se dejaba ver y se sentía observado.
Y yo me imaginé montado en él recorriendo sólo los kilómetros bajo el agua del mar pensando si llegaría o no... Y me entró una mezcla de emoción y escalofrío con unos toques de felicidad al pensar en el aterrizaje en París como un héroe infantil, un personaje que había conseguido la proeza de ser recordado por algo feliz y que a todo el mundo le gusta. Volar...
Volar, volar, volar....
viernes, enero 08, 2010
Carreteras
Siempre he sido una persona montada en un autobús. Todos los acontecimientos importantes de mi vida se asocian a este transporte. En él he pasado las horas más tranquilas de mi vida. Mirando por la ventanilla, escuchando mis míticos cd's, leyendo un libro o cerrando los ojos imaginando lo inimaginable, analizando lo hecho y proyectando el futuro.
Autobuses de ida y vuelta. Pamplona, San Sebastián, Madrid, Bilbao, Gijón, Oviedo, Palencia, Granada, Barcelona, Logroño, Burgos, Santander, Zaragoza.... De dos pisos, minibuses... Siempre con prisas, siempre con sueño... Siempre ahí.
Por eso tomar un autobús en Nueva York para ir a Washington no me supuso ningún problema. Es más, fue un aliciente. Salir de Manhattan y ver el Skyline desde New Jersey, recorrer las carreteras de varios Estados, ver Baltimore y recordar la canción que Counting Crows le dedicó a esta ciudad y que tantas tardes de invierno me acompañó...
Autobuses... El medio de transporte de mis sueños. Siempre me gustó sentarme en los asientos intermedios donde no molestar y donde nadie me moleste. Mirar por la ventanilla y dejarme llevar. Y aunque en este viaje nos pusimos en las primeras filas hice lo mismo. Eso sí. Con un libro que me enamoró y me reconcilió con la vida (Gracias Ruth por recomendármelo... tenías razón...).
Y fue más que un viaje. Porque no sabía que cuando llegara a mi destino me iba a encontrar con que una ciudad iba a conquistar mi corazón tan bruscamente: "Y de pronto, Washington." Esa fue mi frase. De pronto en mi vida. Trastocando mis conceptos. Llenándome de paz y felicidad.
martes, enero 05, 2010
Noche de Reyes
¿Te has portado bien? Vale... es una pregunta que a veces es difícil contestar... pero cuando te la hace un niño un 5 de enero en una carroza llena de caramelos la cosa cambia. ¿Te has portado bien? Yo le contesté con un gesto. Una sonrisa luminosa. Y con eso bastó para que ese año se me cumplieran todos los deseos.
Noche de reyes. 5 de enero. Magia e ilusión. Padres y niños se convierten en uno. Todos vivimos aquello que nunca debimos perder: la inocencia. ¡Qué sería de nosotros sin esa fragilidad que nos hace ser buenas personas! Por eso cada 5 de enero renovamos los votos de nuestra inocencia que poco a poco perdemos con el paso de los días y que esos tres personajes nos recuerdan que nunca debimos abandonarla.
Reconozco que tengo debilidad por esta tarde-noche.... Nunca saldré y siempre me iré pronto a la cama. Se me iluminan los ojos cada vez que me ciño la bufanda y los guantes para ver llegar en sus camellos a sus majestades. Ya no les grito. Sólo sonrío. Para eso están los niños de mi alrededor. Yo les hablo por dentro. Ellos los saben. Con eso basta....
¿Me he portado bien? Me pregunto este año... Y yo creo que sí. Eso espero. Esta noche me iré pronto a dormir y mañana comprobaré que las ilusiones y los deseos se empiezan a cumplir. El primero, ver sonreír a los que tengo a mi alrededor. Y eso, seguro que se cumple.
domingo, enero 03, 2010
La secta de la Manzana
Me gusta la fruta. Tengo esa suerte. Como de todo. Las que más las fresas y las cerezas. Aunque la mandarina aplastada en mi boca (lo hacía de niño...) tiene un sabor espléndido. Y las peras maduras me encantan. Sólo le hago algo de ascos al melón y la sandía... Qué le voy a hacer... Pero si me ponen delante un racimo de moras no hay quien me pare. Y además hay una que me fascina sobre todo: La manzana.
Vale. Reíros.... Ya está el friki con su manzana... Pues sí. Soy adicto a la manzana. Si algo me caracteriza es mi fanatismo por la fruta mordida (que no prohibida). Llegó a mi vida en los noventa y el flechazo todavía me dura. Es ver un Mac y se ilumina el alma....Y en Nueva York no podía faltar. En esta ciudad que todo lo tiene, Apple tenía que dejar claro su lugar en la ciudad. Y yo tenía que encontrarlo.
Nos lo topamos frente a Central Park en la Quinta Avenida... dónde si no. Un edificio subterráneo lleno de ordenadores, gente joven que reía y hacía cola para probar el nuevo Imac. Para entrar había que bajar unas escaleras circulares que te alejaban del mundanal ruido. Yo caí en el agujero feliz y compré... cómo no... Adquirí una funda para mi Ipod que uso todos los días y que tanto me ayuda a llevar el día a día...
Apple es mucho para mí. Más que un ordenador. Es una forma de ver las cosas... Los que compartimos este gusto sabemos de lo que hablamos y nadie más nos entiende. Por eso somos "secta" como me dice mi amigo Juan Carlos (algún día abandonarás el PC... verás).
Cuando fui a pagar el artilugio, la muchacha que me cobraba miró sorprendido mi tarjeta de crédito... Yo le dije.... "From Spain, Pamplona!" Y el sonriente me dijo sin dudar "Oh yes!!! San Fermín!!!!" Sus compañeros de al lado se empezaron a reír. Al final, después de darme la tarjeta, me dijo sonriente "adiós pamplonies..." Y yo ni corto ni perezoso le dije: "Agur!" No sé... Ella se quedó sorprendida. Pero la cola apremiaba y no hubo tiempo de explicaciones. Me fui solo con una sonrisa de oreja a oreja a la búsqueda de mis compañeros de viaje. Y abandoné la cola una vez más... enamorado de la tienda Apple... y de formar parte de la secta más maravillosa del mundo... La secta de la manzana...
jueves, diciembre 17, 2009
De regreso
Durante estos días cortos y noches largas he abandonado los espacios habitables de mi viaje a Nueva York y Washington. Varias cosas han pasado por mi vida que me han llevado por otros derroteros. Pero hoy de pronto mi pequeño ordenador ha recuperado las fotos que me faltaban del viaje. Esos pequeños pedazos de recuerdo que me quedan. Y me he dicho: Te falta por contarte a ti mismo delante de estas teclas la mitad del viaje. Así que retomé el barco que nos llevó el primer día de Staten Island a Manhattan y aquí estoy de nuevo... viajando... Continuemos!!!
domingo, diciembre 13, 2009
Música del frío
Llega un temporal de frío. Siberiano parece ser. ¡Con lo que me gusta a mí la nieve! Siempre he dicho que el invierno no llega hasta que no veo algún copo de nieve caer. Y ya podemos estar en febrero que siempre tendré esa sensación de que el invierno está por llegar. Ya me podré haber puesto la bufanda, los guantes, observar el vaho de mi respiración o no mirar más que al frente con ganas de llegar a mi destino, que siempre pensaré que lo mejor del invierno está por llegar.
Y se aproxima un frente siberiano con nieve. Espero que mucha. Para poderla pisar tranquilamente y reír mientras otros se desesperan por conducir sus pesados coches.
Y tengo también ganas de que llegue para poder escuchar su música. Porque la nieve tiene música. O mejor, su banda sonora. Una melodía interminable que salió de la cabeza de Tim Burton en 1990 para quedarse con nosotros.
Siempre recordaré la escena de Winona Ryder bailando mientras Eduardo Manostijeras esculpía un ángel para la fiesta de la familia. O la construcción de Eduardo en la gran mansión con el profesor Vicent colocándole un corazón con forma de galleta.... Esa música se metió en las entrañas y siempre me acompaña en estas fechas. Música heladora para sentir el calor y lo humano del frío.
Eduardo Manostijeras. Una película de invierno, una película de navidad. Siempre la veo en estas fechas acurrucado en el sofá con una manta e imaginando ese lugar, hipnotizándome con su música, con su magia. Y hacer mías esas frases finales....
"A veces aún bailo bajo la nieve. Antes de que él viniera, no nevaba nunca. En cambio después, si nevó. Si él no siguiera vivo, ahora no estaría nevando..."
¡Que venga la nieve! Rápido!
Y se aproxima un frente siberiano con nieve. Espero que mucha. Para poderla pisar tranquilamente y reír mientras otros se desesperan por conducir sus pesados coches.
Y tengo también ganas de que llegue para poder escuchar su música. Porque la nieve tiene música. O mejor, su banda sonora. Una melodía interminable que salió de la cabeza de Tim Burton en 1990 para quedarse con nosotros.
Siempre recordaré la escena de Winona Ryder bailando mientras Eduardo Manostijeras esculpía un ángel para la fiesta de la familia. O la construcción de Eduardo en la gran mansión con el profesor Vicent colocándole un corazón con forma de galleta.... Esa música se metió en las entrañas y siempre me acompaña en estas fechas. Música heladora para sentir el calor y lo humano del frío.
Eduardo Manostijeras. Una película de invierno, una película de navidad. Siempre la veo en estas fechas acurrucado en el sofá con una manta e imaginando ese lugar, hipnotizándome con su música, con su magia. Y hacer mías esas frases finales....
"A veces aún bailo bajo la nieve. Antes de que él viniera, no nevaba nunca. En cambio después, si nevó. Si él no siguiera vivo, ahora no estaría nevando..."
¡Que venga la nieve! Rápido!
jueves, diciembre 10, 2009
Brazos y mensajes.
Hace unos meses, una noche de esas raras, me vino a la cabeza esta canción y este vídeo. Y a unos cuantos amigos les escribí un mensaje "de amor". Unos contestaron. Otros no.
Hace unas horas me ha venido a la mente estos sonidos y esas palabras. Y he vuelto a sonreír como cuando recibí la primera contestación al mensaje. Gracias Do. (¿Ves como eres importante en todo lo que me pasa?)
Estoy sentado frente a la ventana de la habitación que más horas ha ocupado en mi vida. Mirando el viejo barrio de la Txantrea. Y veo cómo se va oscureciendo hasta dejar en penumbra todo lo que me rodea. Las bajas casitas dejan ver a las farolas que se convierten en velas, las nubes se ponen rojas con el atardecer y los montes se despiden con un rojo pálido. Todo es rojo. Un rojo frío invernal. Raro pero es así. Fuera el termómetro marca 10 grados y la gente se pone bufanda. Llega el invierno.
Aquel vídeo y aquel mensaje estuvieron en mi cabeza semanas. Era pensar en él y se ponía un nudo en la garganta. Lo he recomendado miles de veces a la gente que veía sufrir por algo a mi alrededor. "Piensa en lo que tienes, piensa en los que te quieren y que nunca estás solo"... Y funcionaba... siempre funciona.
Estos días me lo estoy recomendando a mi mismo. Y poniendo al día el mensaje que envié junto a la canción de los Manel:
"El miedo bloquea. A mí me pasa. No puedo huir. Aunque lo intente.... Y de pronto te encuentras a Manel. Esos chicos catalanes que hacen maravillas como esta. La canción no tiene mucho que ver con el vídeo, pero no importa. Sigue siendo una maravilla, gracias a la que descubres que siempre puedes contar con algo pequeño o grande en número pero necesario para sobrevivir. Amigos. Que siempre están ahí para que nunca, nunca, nunca, nunca toques el suelo frío. Y que te abrazaran con un gesto, una mirada, su calor cuando las lágrimas lleguen a ti."
Pues eso. Hace unos meses, hace unos días, hace unas horas todo sigue siendo lo mismo pero con la suerte de ser diferente a la vez. Porque por mucho que parezca que todo se va a pique, que las cosas no funcionan seguís estando ahí, con una mirada, un café, una palmada o una llamada de teléfono o un paisaje cotidiano que hace que uno no se caiga.
viernes, diciembre 04, 2009
Canción de Viernes
Amanecía un domingo de noviembre. No era viernes. Entre miles de compac disc ella tuvo que elegir el último de Cooper para despertarnos. Mañana lenta. Preparaba un zumo de naranja y un café caliente en una de las casas con las mejores vistas de Oviedo. Y una sonrisa. Tranquila y amable. Esas cosas que nunca falten.
Yo tenía legañas y algo de frío. Su compañero estaba en su habitación y ella estaba concentrada en la encimera de la cocina.
-"¡Has comprado donuts!", le dije
-"Si... y magdalenas... para que desayunemos...aunque a estas horas...je,je".
- "Pues haremos un brunch!", le respondí yo.
Salió un momento del salón y me dejó solo con Cooper y las vistas. Y sonó esta canción. Como un regalo. Miré al horizonte desde la ventana y salió el sol tibiamente. Luego se ocultó. Como una premonición. Momento detenido.
Hoy es Viernes. Ayer me sumergí en lo más profundo como dice Cooper. Por un segundo. Y lo he intentado todo y ya no se me ocurre nada más que prometer....Bueno... sí... que a partir de ahora me toca ser el que no llora.
Bonita canción. Hoy es viernes y me largo quince días a descansar. Fuera de mi mundo gijonés. Lejos. Y me llevaré esta canción como banda sonora. Y aquella mañana de domingo como recuerdo. Mirando por la ventana más bella de Oviedo. Con la mejor compañía. Con la felicidad.... Sin lágrimas....
Como espacio habitable. Os quiero "Dados". No os imagináis cuánto... no os lo imagináis....
Viernesssssssssssss......
miércoles, octubre 28, 2009
Testigo de la ciudad.
El Puente de Brooklyn tiene 1825 metros de largo. 5989 pies. Imagínate poner los talones uno de tras de otro... juntos, mirar al suelo... tacón con tacón y empezar a contar. Desde la Printing House Square en Brooklyn hasta Manhattan te salen casi seis mil... Sin equivocarte ni volver a empezar. Menudo trabajo
El Puente de Brooklyn es un gran símbolo. Une y separa los sueños de la gente. Los que vienen y los que van. Porque hay más puentes en Nueva York, pero este es 'El Puente'. El que más se fotografía, el que más se sueña, el que más se pasea, el más antiguo de la ciudad.
Se empezó a construir en 1852. No físicamente, pero sí en la cabeza de John Augustus Robebling, un ingeniero y propietario de una compañía metalúrgica, que no pudo llegar un día a Brooklyn porque el Ferry que lo llevaba a su casa no podía cruzar el Hudson debido al hielo. Allí decidió que había que hacer un puente fuerte y consistente. Tres años más tarde diseño el proyecto y comenzó a construirse en 1870. Se acabó el 24 de mayo de 1883. Su autor no pudo ver terminada su obra. Murió de tétanos. Se fracturó gravemente un pie durante el proceso de construcción por culpa de un choque con un ferry. Su extremidad no aguantó. Tuvieron que apuntarle los dedos, pero no fue suficiente y la dolencia pudo con el ingeniero. Le sustituyó su hijo que también sufrió una enfermedad por su trabajo en los pozos de cimentación. Su mujer se convirtió entonces en su ayudante y transmitía sus órdenes como una ingeniera más. Por eso fue ella quien pasó por primera vez el puente. Una mujer.
Que es una obra de arte nadie lo duda. La piedras viejas de sus dos grandes pilastras son dos grandes ventanas góticas sin vidrieras. Los cables de acero dibujan durante el camino líneas y figuras imposibles de olvidar. Son perfectas. El paisanaje camina rápido andando o en bicicleta por el centro del puente. Los coches a un lado. No son los protagonistas. Quien manda aquí es el peatón sonriente que se aleja de los rascacielos camino de casa o camina con paso firme hacia el bosque de edificios más maravilloso del mundo.
Este puente ha vivido grandes momentos. Algunos tristes, otros alegres. Es uno de los personajes con más solera de la ciudad. Ha sido testigo de la transformación de la vieja Nueva Amsterdam a Nueva York. Cuando iba caminando por su zona peatonal me venían a la mente las imágenes de aquel 11 de septiembre cuando todo el mundo huía de la ciudad por sus piedras. Es el puente más cercano a la zona cero y era la única manera segura de huir de la Gran Manzana.
Por suerte, yo los hice desde el barrio neoyorkino hasta la isla. Mi 'peregrinación' fue a eso de la una de la tarde. El sol pegaba fuerte y el río estaba en calma. La ciudad se iba a acercando a nosotros tranquila. A cada paso los edificios eran más armoniosos... Todos colocados perfectamente. Dejando a la luz el maravilloso skyline de New York. ¡Cómo ha visto cambiar este puente esta ciudad!
Entonces me acordé del final de la película de Scorsese 'Gangs of New York'. Leonardo Di Caprio desde Brooklyn se despide de Manhattan con unas frases que bien valdrían para lo que la ciudad vivió el 11-S. Pero sobre todo, el montaje final reflejaba lo que significa este puente en Nueva York, ese paso del tiempo imperturbable sobre sus piedras... Y esa música, la de U2, se me metió en la cabeza y formó y forma parte de mi paseo, de la banda sonora de este lugar. De estos casi 6000 pasos que hice una tarde de septiembre.
domingo, octubre 25, 2009
Tristes esquinas, tristes aceras.
Lo mataron aquí. Un 8 de diciembre. Cuatro tiros por amor, por locura... no sé... Sólo sé que fueron cuatro tiros los que impactaron en John Lennon cuando salía de casa. Cuatro balas certeras. El cuerpo tirado en el suelo y el mito vuela por los aires de Manhattan.
Es la acera más triste de Nueva York. Un bordillo circular que nadie pisa por respeto a Lennon. Lo pude comprobar en el rato que estuvimos frente al edificio Dakota (llamado así por el indio que tiene en la fachada principal). Tiene algún desconchón arreglado con cemento y restos de gravilla. Pero eso sí, está limpia. Reluce. Ni un papel, ni una pintada, ni un ramo de flores. Es la entrada de una vivienda de lujo pese a ser un lugar de culto para los amantes de la música.
La casa de Lennon estaba frente a Central Park, y allí su viuda instaló un pequeño monumento de rosas con el símbolo de la paz que nos recueda a John. Todo íntimo y a la vez trascendental...
Pero esta acera gris es muy simple. Sólo el cartel de "prohibido el acceso" del edificio es un elemento extraño. Cuando llegamos dudamos de si este era el lugar, pero el portero nos miró con cara seria y antes de respondernos ya sabíamos que era aquí. Tan cerca de nosotros. Este lugar...
Los turistas se quedan parados frente a él. Incluso algún neoyorkino que pasa por la calle con ritmo seguro. Con mucho respeto unos miran al cielo, otros a su interior y se agarran a la persona que tienen a su lado o a sus recuerdos y sus vivencias. Todos en silencio y con cara triste.
Porque este es un lugar especial. Muy especial. Incluso el que odie a los Beatles, no le hagan demasiada gracia o sea más de los Rolling Stones sabe que aquí se cometió una injusticia. Mataron a un hombre. Mataron una parte de nosotros.
miércoles, octubre 21, 2009
Verde sobre gris
Central Park es un pulmón verde. Y además cuadrado. Puede parecer que está incluso encajonado entre muros de cemento y cristal. Pero en el fondo los necesita para sobrevivir. Para sentirse especial e importante.
Porque es muy grande, inmenso... Central Park es Central Park por su impresionante tamaño en mitad de Manhattan. Por su Árboles, jardines, bicicletas, perros, barcas. Por sus risueñas ardillas y sus coches de caballo. Por sus turistas, su parque de atracciones y sus corredores de footing... todos conviven en este impresionante rectángulo verde.
Paramos aquí a comer y a pasear. Lo atravesamos para ir al Metropolitan e impresionaba su grandiosidad, pero quizá más lo que tenía alrededor. Las casas. Esos edificios que no desentonaban con el verde que teníamos bajo nuestros pies.
En uno de los rincones del parque un neoyorkino nos presentó a sus hermosos perros. Había discutido con una mujer que le recriminaba tenerlos sueltos por el parque. Pero ¿cómo no tenerlos libres en este lugar?... Estabamos cansados y la presencia de los animales nos reconfortó. Eran tranquilos. El hombre mayor se sentía orgulloso de ellos. Eran sus mascotas y casi sus hijos. Vivía cerca y paseaba todas la tardes por Central Park. Ese lugar especial. Ese lugar verde.
Porque en Central Park la gente pasea tranquila. Atrás queda la ciudad, dicen. Pero yo no estoy tan convencido de ello. Porque la ciudad es parte de su esencia. Sus atardeceres son uno de los mayores placeres que puede tener una persona. Ya me lo dijeron.... (Gracias Marta por tus consejos...) Es un bosque en mitad de la ciudad. Un lugar para darse cuenta de que aquí además de piedra también hay vida. A cada paso que das.
Cerca de la Quinta Avenida, tras dejar un parque de atracciones de esos de la niñez me paré en un puente de un pequeño estanque. En sus aguas se reflejaban los edificios cercanos. Era como estar en un pequeño paraíso con la presencia constante de los gigantes de piedra y cristal. Cerca. Sonriendo al agua. Sonriendo al parque.
martes, octubre 20, 2009
Cruce de caminos
Van y vienen. Se cruzan. Nadie se detiene. Ni se mira a la cara. Pero eso sí, nadie se tropieza. Ni duda en la zancada. Lo llaman prisa. Esto es un lugar de paso y eso se nota. Nadie quiere permanecer quieto y sin embargo es el lugar donde más se siente el orden y la paz de toda la ciudad. Orden y silencio. Es la Estación Central de Nueva York.
Arquitectónicamente es una obra maestra. Una gran bóveda amplia y luminosa nos da la bienvenida y cae sobre los viandantes. La luz entra por impresionantes ventanales que proyectan los rayos de sol al suelo. Como en una catedral de bellas vidrieras. En su techo está dibujado el firmamento con una meticulosidad fascinante. Astros y constelaciones guiando los pasos del que lo mira. Eso sí, está al revés porque el autor tomo como modelo un mapa celeste medieval y en esa época era tradición pintarlo así. Y los viajeros siguen las estrellas de un lado para otro.
Cuando entré en este edificio, con los pies cansados y la mirada perdida después de tanto recorrido, jamás imaginé que el silencio iba a emocionarme. Un silencio armonioso de gente que va y viene. Que no dice nada porque tiene muy claro hacia donde va y que como en una coreografía, cada uno tiene muy claro su papel y nadie distorsiona el lugar: Los que miran los carteles de información. La pareja que se despide en una esquina. Los turistas con sus guías y sus pies cansados. El ejecutivo que sale de la puerta 8 para ir a la 16 al otro lado de la estación.... Todo rápido, rápido... pero a la vez tranquilo. Seguro.
Extrañamente este fue uno de los lugares que más me emocionó de la ciudad. He conocido muchas estaciones de tren y autobús. A veces pienso que demasiadas. Estaciones frías, presuntuosas, provisionales, apagadas, en ruinas, alegres... pero la Estación Central de Nueva York es diferente. Es la prisa hecha arte. Un trabajo sencillo con pequeños artistas que ellos mismos no saben que lo son: los pasajeros.
domingo, octubre 18, 2009
Días rojos. Días con Malea.
"No quiero poseer nada hasta que encuentre un lugar en donde esté en mi lugar y las cosas estén en el suyo. Todavía no estoy segura de dónde está ese lugar. Pero sé que aspecto tiene. -Sonrió, y dejó caer el gato al suelo-. Es como Tiffany's - dijo-. Y no creas que me muero por las joyas. Los diamantes sí. Pero llevar diamantes sin haber cumplido los cuarenta es una horterada; y entonces todavía resulta peligroso. Sólo quedan bien cuando los llevan mujeres verdaderamente viejas. Arrugas y huesos, canas y diamantes: me muero de ganas de que llegue ese momento. Pero no es eso lo que me vuelve loca de Tiffany's. Oye, ¿sabes esos días en los que te viene la malea?
-¿Algo así como la morriña?
-No -dijo lentamente-. No, la morriña se viene porque has engordado o porque llueve muchos días seguidos. Te quedas triste, pero nada más. La malea es horrible. Te entra miedo y te pones a sudar horrores, pero no sabes de qué tienes miedo. Solo que va a pasar alguna cosa mala, pero no sabes cuál. ¿Has tenido esa sensación?
-Muy a menudo. Hay quienes lo llaman angustia.
-De acuerdo. Angustia. Pero ¿Cómo le pones remedio?
-No sé, a veces ayuda una copa.
-Ya lo he probado. También he probado con aspirinas. Rusty opina que tendría que fumar marihuana, y lo hice, una temporada, pero sólo me entra la risa tonta. He comprobado que lo que mejor me sienta es tomar un taxi e ir a Tiffany's. Me calma de golpe, ese silencio, esa atmósfera tan arrogante, en un sitio así no podría ocurrirte nada malo, sería imposible, en medio de todos esos hombres con los trajes tan elegantes, y ese encantador aroma a plata y a billetero de cocodrilo. Si encontrase un lugar de la vida real en donde me sintiera como me siento en Tiffany,s, me compraría unos cuantos muebles y le pondría nombre al gato"
-¿Algo así como la morriña?
-No -dijo lentamente-. No, la morriña se viene porque has engordado o porque llueve muchos días seguidos. Te quedas triste, pero nada más. La malea es horrible. Te entra miedo y te pones a sudar horrores, pero no sabes de qué tienes miedo. Solo que va a pasar alguna cosa mala, pero no sabes cuál. ¿Has tenido esa sensación?
-Muy a menudo. Hay quienes lo llaman angustia.
-De acuerdo. Angustia. Pero ¿Cómo le pones remedio?
-No sé, a veces ayuda una copa.
-Ya lo he probado. También he probado con aspirinas. Rusty opina que tendría que fumar marihuana, y lo hice, una temporada, pero sólo me entra la risa tonta. He comprobado que lo que mejor me sienta es tomar un taxi e ir a Tiffany's. Me calma de golpe, ese silencio, esa atmósfera tan arrogante, en un sitio así no podría ocurrirte nada malo, sería imposible, en medio de todos esos hombres con los trajes tan elegantes, y ese encantador aroma a plata y a billetero de cocodrilo. Si encontrase un lugar de la vida real en donde me sintiera como me siento en Tiffany,s, me compraría unos cuantos muebles y le pondría nombre al gato"
Desayno en Tiffany's. Truman Capote
En la Quinta Avenida con la 57 se encuentra la joyería más famosa del mundo. Paredes de piedra. Pequeños escaparates. Grandes luces y brillos. Se llama Tiffany's. Y un croissant envuelto en papel de estraza junto a un café caliente hicieron el resto.
Llegamos una tarde miércoles. Ya era hora de cumplir lo prometido y ver el lugar que Holly Golightly, el personaje angelical que interpretó Audrey Hepburn y que no era tan perfecto en la novela de Truman Capote.
Tiffany's son cinco plantas. Cada una dedicada a una parte del lujo. Planta primera: Joyas. Planta segunda: Plata.... Planta quinta: Diamantes. Todo lo que hay ahí vale tan 'poco' como tu propia casa o tu sueldo de asalariado. Joyas y más joyas que más que a la venta parecen formar parte de una exposición perfecta. Hay sonrisas. Chicas ricas neoyorquinas comprando anillos con sus madres y mucha corbata y traje como decía Holly. Y todo ello con vistas a una calle con más tiendas de alta costura de las que uno se pueda imaginar. La Quinta Avenida.
Paredes de mármol. Todo impecable y nada parecido a ese anillo de Audrey salido de una caja de galletas.... Pero no importa. Porque lo que es cierto es que la escena inicial de una Quinta Avenida vacía a primera hora de la mañana en la que un taxi para frente a un escaparate y baja una chica vestida con un impecable traje negro es parte de la historia de esta ciudad. Y ellos lo saben. Y te tratan bien. Saben que vienes buscando ese lugar que relataban en la película. Ver las vitrinas y comprobar si realmente cura los días rojos. Los días con malea.
Llegamos una tarde miércoles. Ya era hora de cumplir lo prometido y ver el lugar que Holly Golightly, el personaje angelical que interpretó Audrey Hepburn y que no era tan perfecto en la novela de Truman Capote.
Tiffany's son cinco plantas. Cada una dedicada a una parte del lujo. Planta primera: Joyas. Planta segunda: Plata.... Planta quinta: Diamantes. Todo lo que hay ahí vale tan 'poco' como tu propia casa o tu sueldo de asalariado. Joyas y más joyas que más que a la venta parecen formar parte de una exposición perfecta. Hay sonrisas. Chicas ricas neoyorquinas comprando anillos con sus madres y mucha corbata y traje como decía Holly. Y todo ello con vistas a una calle con más tiendas de alta costura de las que uno se pueda imaginar. La Quinta Avenida.
Paredes de mármol. Todo impecable y nada parecido a ese anillo de Audrey salido de una caja de galletas.... Pero no importa. Porque lo que es cierto es que la escena inicial de una Quinta Avenida vacía a primera hora de la mañana en la que un taxi para frente a un escaparate y baja una chica vestida con un impecable traje negro es parte de la historia de esta ciudad. Y ellos lo saben. Y te tratan bien. Saben que vienes buscando ese lugar que relataban en la película. Ver las vitrinas y comprobar si realmente cura los días rojos. Los días con malea.
viernes, octubre 16, 2009
Top of the Rock
Rockeffeller Centre. Nueve de la noche. El helicóptero se acerca y sí, lo que parece una tontería es real. El copiloto nos saluda. Sonríe. Y luego da la orden a su compañero y siguen su camino por los cielos de Nueva York. Dejando al personal atónito y con tema de conversación. Eso es esta ciudad. Una caja de sorpresas.
Porque la puesta de sol en este edificio fue eso. Una caja de sorpresas. Jamas mis ojos vieron un cambio tan radical en el paisaje urbano. ¡Cómo es Manhattan de noche! Esas lucecitas colocadas estratégicamente en las ventanas de los rascacielos, esos barcos por el río Hudson, esas brumas... El sol no se va. Sólo se aleja de uno. Aquí la luz es importante.
Desde la terraza el faro de Nueva York, el Empire State, nos ofrecía color blanco. Times Square parecía un horno iluminado de estrellas y destellos. Central Park eran sombras misteriosas.... Ver atardecer en el edificio conocido como Top of the Rock es encontrar que esta ciudad sabe enamorar a la tarde. Bien lo conocían los obreros que lo construyeron el edificio. Ahora entiendo porque sonreían en las conocidas fotografías que cuelgan en más de una casa. Eran felices sabiendo que hacían historia. Que eran importantes.
Trabajadores de alturas haciendo un complejo de 19 edificios donde está el Radio City Music Hall, los estudios de la NBC y la famosa pista de hielo que todos los inviernos se instala en sus jardines del edificio principal.
En ese edificio, Diego Rivera, el marido de Frida Khalo, pintó en la entrada del edificio uno de sus murales por encargo. Lo llamó 'El hombre en una encrucijada'. Era la gran obra de Rivera en Nueva York. Pero un ligero detalle acabó con ella. El pintor mexicano tuvo la idea de retratar en él a la figura de su adorado Lenin. Y la familia Rockeffeller, indignada y acosada por la prensa, lo tapó y más tarde lo destruyó. Años más tarde Rivera lo volvería a pintar en México prácticamente como lo dibujo en Nueva York. Y en el edificio de los Rockeffeller colocaron en su lugar lamparas, ascensores y algo de frialdad Art Deco solo rota por la inscripción que hay en la fachada. Un dios del rayo sujeta con sus manos una leyenda en inglés que dice: "Wisdon an Knowledge Shall be the Stability of Thy Times" (La sabiduría y el conocimiento serán la estabilidad del tiempo). Dejemos pues... que lleguen a nuestras vidas.
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