miércoles, mayo 18, 2011

Buenas cosas mal dispuestas






Me senté en su sillón de la casa de la Vuelta del Castillo una tarde de febrero. Estaba algo cansado después de subir la interminable cuesta de la Universidad. Así que me relajé un momento mientras "A." iba a coger un par de cosas para ir al centro donde habíamos quedado con los demás.Ella le dio al play del Compact Disc para que mi espera fuera más 'amena'. Y empezó a sonar: Dos acordes. Silencio. Varios notas. Silencio. Leve batería. Silencio... Y ya está. Ahí cambió mi vida. Los había conocido y ya nunca más se separarían de mí. Nunca. Pasara lo que pasara. Nunca.

Luego vino la letra, "Lo malo de la vida suele ser lo mejor, pues te hace sentir como un patán. Lo bueno de la risa suele ser que al final nadie quiere reír, solo pueden llorar". Y ahí ya no lo pude evitar y me derrumbé en el sillón para reconstruirme en su mundo musical.En sus 15 trabajos que durante estos más de diez años han formado parte de mi historia. Uno tras otro. Banda sonora de mis momentos alegres y tristes. Aquella canción era la primera del disco Soidermersol. Se titulaba 'Buenas cosas mal dipuestas'. Y era La Buena Vida. Siempre La Buena Vida.

Hace un par de semanas moría en accidente de tráfico Pedro, bajista del grupo, ese chico tímido y cortante a veces que entrevisté en Gijón un par de veces, nervioso como un fan. La Buena Vida ya no es lo que era... Desde que hace unos años que Irantzu dejó el grupo su sonido se había apagado un poco. No terminaban de sacar nuevo disco, se les notaba dispersos, desmotivados... Los vi por última vez el verano pasado en Alburqueque en un concierto desconcertado que fue su última actuación hasta la fecha. Y aunque han venido sonidos nuevos y frescos a ocupar espacios en mi vida, siempre tenía un hueco para ellos. Siempre eran mi referente. Yo soy un fan de La Buena Vida.

Y estos días, en los que uno está triste por la muerte de Pedro, he vuelto a recuperar los viejos CD usados en miles de viajes a Bilbao, Madrid, Gijón, Pamplona... Y pasan por mi memoria miles de recuerdos y sensaciones. Me acuerdo de mi emoción incontenida con el tema 'Desde hoy en adelante' y sus violines infinitos... Añoro cuando gritaba en mi interior "Porque te llevo tan dentro, que hasta me olvido yo mismo de mí" y me repetía que era una de las mejores canciones que había escuchado nunca. Revivo lo que me producía la mítica 'Qué nos va a pasar' cuando la cantaba a media voz en un parque de Pamplona en más de una despedida ("Y ahora que te vas... pediré perdón y dirás que no... y estará muy bien... ya sabes por qué...") O recupero las risas veraniegas de Irantzu al escuchar mil veces que cantaran en su concierto la sencilla canción 'En Bicicleta'. Luego me entristezco al recordar la emocionante canción 'No te he visto nunca' del último disco en la que consiguieron que hasta el Orfeón Donostiarra trabajara con ellos; y paso velozmente a añorar la alegría que me producía decirle a "A." en Gijón aquello de "¡Qué guapa estás con tu vestido de hilo!" del 'Actor Mexicano'...

Y también me acuerdo de mis peleas dialécticas sobre si la voz de Irantzu era demasiado desafiante, si desafinaba, si no importaba eso o que el grupo sin Mikel y su tono grave no sería lo mismo... De las odiosas comparaciones con La Oreja de Vang Gogh y las merecidas con Belle and Sebastian... De aquel concierto en el Kursaal de San Sebastián donde conseguí una entrada cinco minutos antes de empezar en segunda fila y fui tan feliz.... Y de cómo los conocí... En aquel sillón de la Vuelta del Castillo.

Y ahora... firmemente... Suena en mi cabeza una y otra vez la estrofa más perfecta que he escuchado y que siempre me ha acompañado en todas mis decisiones.

"Con el lento paso del tiempo, todo encaja y se comprende.... y uno aprende"...
(Ventura. del disco 'Hallelujah!')


(Qué nos va a pasar, del disco 'Halellujah!')

sábado, mayo 07, 2011

Árboles


Todos los días lo miro por el balcón. Y crece. En invierno está desnudo y dormido. Pero crece. En la primavera, como ahora, luce alguna flor amarilla y unas ramas llenas de hojas efímeras. Y crece. Yo tengo suerte: Tengo clara una cosa y encima la tengo cerca. Conozco a mi árbol favorito y me acompaña cada día.
Ya puede haber preciosos ejemplares como la Sófora Japónica del Vienés en la Taconera, la Secuoya del Paseo Sarasate, el tronco viejo y desgastado del parque de San Francisco de Oviedo.... que para mí este árbol tan normal es mi favorito. Quizá sea por eso. Porque es normal. Porque cada mañana cuando era pequeño y me asomaba al balcón para ver qué tiempo hacia lo veía mirarme desde abajo y darme el parte meteorológico con su movimiento de ramas o su quietud.
También lo quiero porque es sencillo. Es un ejemplar de ramas tranquilas, geométricas y puedo tocarlo. Puedo abrazarlo. Y alguna vez lo he hecho de noche, cuando llegaba a altas horas después de una juerga y me acercaba ya a la puerta de casa. Lo abrazaba y le decía: "Tú siempre aquí, pase lo que pase".
Que es importante tener siempre algo ahí... pase lo que pase. Ya sea un árbol, una roca, una playa, un paisaje, un olor, un sabor.... Algo cotidiano que sepas que no te va a abandonar tan fácilmente. Porque está amarrado al suelo o quizá a ti. A tu interior. Sin que tú lo sepas. Siempre a tu lado. Acompañandote y empujándote día a día.

sábado, abril 23, 2011

Casas de barro.


En el pueblo donde nació mi padre hay casas de barro y paja. Paredes de maderas cruzadas, algo de arena desgastada que cuando las tocas se deshacen en tus dedos. Por eso son paredes gruesas y toscas, algunas encaladas, otras mostrando su vejez... En el pueblo de mi padre las casas son de adobe. Casas de barro, las llamo yo.

Y esas paredes gruesas esconden vidas. Vidas silenciosas que apenas salen a la calle. Que miran por los visillos discretamente cuando ven pasar a un 'forastero' con su sobrino montado en la bici pegando gritos de alegría. ¡Es primavera y hay que estrenar la temporada de bicicleta!

Esas paredes me han acompañado siempre en mis veranos calurosos en la 'Tierra de Campos'. Me daban sensación de fresquito. Me protegían del sol en agosto y me resguardaban en las gélidas navidades. Y he aprendido a amarlas y valorarlas. A tocarlas con mimo y desear que con el paso del tiempo no se desgasten demasiado como placas viejas de tiempos pasados. Son parte de mi paisaje de descanso. Del lugar donde vengo a silenciar el tiempo, a recargar pilas gastadas y volver a empezar... Tiempo de regresar, tiempo de reiniciar.

domingo, abril 17, 2011

Ukelele


Hubo un tiempo en el que los imprevistos eran puertas cerradas. Con aldabones bellos muchas veces. Pero puertas cerradas. Si las cosas no salían como uno quería se enfadaba. Y perdía el tiempo. Las oportunidades. Hubo un tiempo en el que buscaba "lugares perfectos en sitios perfectos"... Con sonido de ukelele y canción de Manel a ser posible.
Pero eso 'quedó' atrás (en pasado perfecto asturiano, que suena mejor que el largo pasado imperfecto que tanto vuelvo a usar). Eso quedó, pues, atrás. Bordeo las puertas cerradas. Sigo escuchando el ukelele de Manel cada vez que puedo pero las cosas van a su ritmo. Que te propones una cosa y no sale... pues nada... sonrisa, un par de segundos y a seguir buscando y caminando. Que he perdido mucho tiempo lamentándome por lo que no salía. Va siendo hora de disfrutar lo que viene como viene. Ponerme las camisetas nuevas o viejas, con arrugas o sin ellas y salir a la calle para tomar un par de zuritos (cortos para los no vasco-navarros...), comprarme un libro si tengo algo suelto en mi librería favorita y sentarme en una terracita a tomar el sol. Y escribir algo. Aunque sean chorradas en un cuaderno desgastado de Claire-Fontaine. Llamar por teléfono cuando la tarifa es baja y hacer fotos a todo lo que me sorprende. Recuperar las viejas costumbres, si se puede, que ya hemos dicho que nada de buscar perfecciones... y sobre todo seguir escuchando el ukelele de Manel en mi cabecita. Eso... que nunca deje de sonar.

El sol quema en la calle. Hace semanas que ha llegado la primavera. Y estos días, para mí... se está haciendo presente como no lo hacía en años.

martes, abril 12, 2011

Cena


Sentirse pequeñito. Pequeñito y tranquilo. En un gran mar de historias que se entrecruzan en una cena. A. mira de reojo a S. porque hace un mes que apenas ni se llaman por teléfono. J. habla obstinadamente con R. de lo que le ha ocurrido esta semana por enésima vez. Alguien levanta la copa... bueno el vaso, que para eso estamos en un bar normalito, y trata de brindar porque un año más nos juntemos todos... Todos callan y sonríen. Un par de segundos de pensamientos por cada comensal... y a seguir. A seguir sintiéndose pequeñito en un mar de historias. En unas encajas, en otras ni si quiera te han invitado. Pero tú estás ahí. Y sonríes. O tratas de fingir esa sonrisa mientras tu cabeza busca un lugar de escape. Tranquilo. Lejos. Y de pronto te acuerdas de aquel silencio veneciano. Aquella foto con tu cámara malísima (regalo sencillo de tus padres) en la que se veía un viejo dique de 'la Serenissima' en mitad de la laguna... Y vuelas ahí. Recuperas los sonidos, el olor a sal y humedad. Tú con tu bufanda y tus legañas. Con los pies fríos frente a un día nublado empapándote más de belleza y tranquilidad...

Y de pronto alguien te toca el brazo..."¿no brindas?"... A. te mira sorprendida y tú para no ser menos despiertas de tu viaje. La foto se esfuma pero la sensación de tranquilidad no. "Claro... brindo... ¡Cómo no!"... brindo por todo, por lo bueno, por los recuerdos, por sentirse como en casa después de años de ausencias, porque sigo siendo yo, por las promesas cumplidas, por las que se van a cumplir. Por mí. Por ti... Por mi foto.

martes, marzo 22, 2011

Juntos


El lunes el primer sol primaveral salió de paseo por Pamplona y yo decidí ir a saludarlo. Con algo de frío, eso sí. Pero me puse unas Converse nuevecitas y despacito, me encaminé por el Parque del Arga hacia el centro la ciudad. Todavía no había árboles con brotes verdes, ni se oían los pájaros. ¡La primavera tiene sólo un día por Dios! Es demasiado pronto. Además estoy convencido de que todavía tiene que nevar. Una vez más. Antes de que el sol sea definitivo.

Y en el paseo, un par de manos agarradas se cruzaron en mi camino. Estaban arrugadas. La de ella más que la de él. Estaban muy apretadas. Y juntas daban impulso al resto de los dos cuerpos que se movían en perfecto equilibro. Él vestido de gris, ella de verde. Dos ancianos que junto a una fárola de la Plaza del Castillo me hicieron detenerme. Porque ella de pronto se paró en seco. Parecía cansada y aturdida. Pararon un momento. Él la agarró más fuerte y para animarla le dió un beso en la mejilla. Ella sonrió y le respondió con el mismo gesto. Y sonrieron. No sé qué se dijeron después, pero siguieron caminando igual de juntos y agarrados.

Entonces fui yo el que se paró. Aturdido y algo cansado. Y por qué no decirlo, emocionado y reconciliado con el mundo. Creyendo que hay cosas que pueden funcionar, que la gente puede conseguirlo. Con tenacidad, con paciencia... Quererse, detenerse, ayudarse y continuar. Siempre continuar.

Y como remate final, mi cabeza recuperó, como no, a los grandes 'Manel' con esta canción. 'Corrandes de parella estable", la manera más bonita de contar una historia para toda la vida. Y sé que estén donde estén, esos dos ancianos se la merecen. Seguro.



lunes, marzo 07, 2011

Caminos

Dar pasos. Prometer. Dos pasos más. Cumplir. Tres kilómetros en una hora. Sonreír. Subir una cuesta. Sueños cumplidos. Agotamiento. Venga... dos zancadas más... Llegar. Sólo pensar en llegar. Hasta Javier. Hasta el Castillo. Respirar. Respirar... y si es necesario... llorar.
He dicho muchas veces que soy navarro. Quizá demasiadas. A veces me doy cuenta yo mismo que lo que yo tengo dentro es muy pesado. Que es algo que me ha cerrado muchas puertas, pero también me ha mantenido firme otras veces en un mar de dudas y negatividades. Como todo en la vida, los convencimientos son anclas y puntos de referencia a la vez. Y mi "navarridad" es un defecto-virtud con el que aprendo a vivir cada día.
Y luego está Javier. Ese castillo que cada año visito cuando se acerca la primavera como un niño con zapatos viejos (bien usados para que los pies no se casen). Unas veces se va mejor preparado, otras con las fuerzas justas... pero lo importante es una sola cosa: Hay que llegar a Javier. Y ver al santo, a mi patrón. Reír con la gente que camina a tu lado. Con los estudiantes en chándal rojo que empiezan a fumar o van serios y callados. Con los ciclistas que animan mientras nos dejan atrás. La música de algún grupo de scouth... Y sobre todo ver que eres capaz de hacer más de 40 kilómetros por algo. Tanto si crees como si no. La fe es de cada uno. Aquí no se cuestiona.
Este sábado repetí la hazaña. Y he sufrido más que otras veces. Nunca había sentido tanto dolor como este año. Mis piernas en los últimos kilómetros se movían como dos palos que malamente respondían. Sentía dolor, pero seguridad a la vez. Miraba al horizonte y me agarraba a la confianza de que podía con esto, como he podido con otras cosas. Que caminar era importante. Llegar era importante para mí, para los que me rodeaban, pero sobre todo para mí. Llegar y cumplir promesas, sueños, tradiciones. Creer al fin y al cabo. Vivir al fin y al cabo.

sábado, enero 29, 2011

Cosas importantes

Soy una persona que busca canciones. Es una de mis manías. Letras y sonidos para todo lo que me pasa. Para cada momento. Que me acompañen y refuercen lo que pienso, lo que siento.
El otro día estaba tomando un café solitario en una céntrica cafetería de Logroño y a mi lado dos personas hablaban tristemente de sus pesares. Pese a intentar leer el periódico no pude dejar de escucharles. "Tristezas, cosas pasadas... no vale la pena vivir..."... eran palabras que soltaban a la ligera entre sorbo y sorbo. Al rato me refugie en la lectura de nuevo. Y conseguí distraerme de la conversación antes de sentirme culpable por escuchar palabras ajenas.

Pero cuando salí de la cafetería estuve a punto de sacar el Ipod ponerles esta canción. Sólo esta maravillosa canción. Para callarles, para darles la mano. La canción más perfecta que conozco para demostrarle a alguien por qué es importante vivir y disfrutar de la vida.


viernes, enero 07, 2011

Musica y Venecia


En la vida de todo ser humano hay dos cosas que deberían ser de obligado cumplimiento. Visitar Venecia y escuchar esta canción. Porque ambas cosas son tan necesarias como el respirar. La una para sentir cómo lo bello puede ser decadente, perfecto, armonioso y con agua. La otra porque es una obra perfecta, sonriente, alegre, que da paz y que está dedicada a la ciudad más bella del mundo que por supuesto hemos visitado o lo vamos a hacer: Venecia (porque para eso es de obligado cumplimiento).

Ando estos días algo distraído. Se me pasan las horas entre trabajo, carreteras, fríos y cartas. Y la música me acompaña. Como siempre. Y ayer 6 de enero, día de Reyes cumplí una de las tradiciones que más gustan: 20:00 horas. Palacio de Congresos de Baluarte. Concierto de Año Nuevo. Y esta pieza, que el año pasado me enamoró ha vuelto a sonar. Mágicamente los músicos interpretaban los acordes de un vals infinito en el que cada instrumento tiene su hueco, su importancia. Nada está a la ligera. Todos participan construyendo belleza. Con humor, con ganas de vivir. Todos importantes. Una clase de música para utilizar en la vida cotidiana.

Y parecen notas sacadas de los canales de la ciudad que no se hunde, sólo juguetea con el agua. Un lugar que recordaba en esos siete minutos de paz interior. Una Venecia en la que cada rincón tiene su sitio, su significado.

No creo que haya pieza que represente mejor a Venecia. Por eso mientras escuchaba las notas en mi butaca me propuse volver pronto. Y también tratar de que todo a mi alrededor suene igual de bien. Todo acompasado, tranquilo, feliz y bello.

martes, noviembre 30, 2010

Un año


Hoy viajan dos personas a las que quiero. Lo hacen lejos. Durante un año. Como las bellas historias, su viaje tiene un inicio feliz. Una promesa, una mirada... aviones... y ¡A viajar!

"Aquel día, en aquel avión, después de enamorarnos de Marruecos, los dos nos miramos y reconocimos que esos comentarios que de vez en cuando hacíamos sobre viajes increíbles eran reales. “Entonces… ¿Lo hacemos? ¿Damos la vuelta al mundo?”. Recuerdo perfectamente esa sensación de vértigo, como un apretón de manos mental y una promesa confirmada. Y dos sonrisas enormes."

Así lo explican en su blog que a partir de hoy será una cita diaria para saber de ellos, para esperar sus noticias como si mirase a por la ventana a la espera de la llegada de alguien impaciente.

Dar la vuelta al mundo. Cada vez que se lo cuento a cualquiera tiene la misma reacción: Mirada de incredulidad, de menudos amigos locos... En las frases que dicen esos cualquieras hay en cierto modo envidia, desazón por no dar el paso.. Yo sé que no sería capaz. No me engaño. Y por eso entre cafés, prisas, fríos, kilómetros y maquetas yo me siento orgulloso por ser su amigo. Por tener gente cerca capaz de hacer esas locuras bellas que dan sentido a la vida. Por eso sé que les va a ir bien. Porque esa mirada que estos días tanta paz y ánimos me han dado se merecen lo mejor y sé que lo van a encontrar. Y dentro de un año nos veremos y nos reiremos con sus historias entre cafés, cervezas y Ricard!!!

A. D. Sed felices. Os cuido Logroño.

martes, noviembre 23, 2010

Una estatua

Desde arriba mira a un horizonte en el que no hay nada más que tejados, antenas, nubes, sol, azul, estrellas y alguna hoja que vuela en otoño. Esta verde y y gris. Siempre la vi así, por eso no me sorprende. Las tardes de sábado cuando iba de la mano con mis padres siempre la miraba y ella no lo hacía. "Es porque espera a que algún día la inauguremos... ese día te mirará". Esa era la respuesta más recurrente. Más de cien años de espera con una anécdota como carta de presentación. Esa es la mejor definición de la Estatua de los Fueros de Pamplona en pleno Paseo Sarasate (Valencia para los pamplonicas... y eso es otra historia de esta ciudad).

Y como Pelayo en Gijón, la Cibeles en Madrid, Colón en Barcelona, Don Diego López de Haro en Bilbao o Espartero en Logroño... ahí está viendo pasar el tiempo. Ahora la van a restaurar. El Diario de Navarra publica estas maravillosas fotos para que podamos ver sus ojos, sus arrugas antes de que empiece el proceso... Sigue ahí, altiva y sonriente en verano con la tómbola dando premios e ilusión. Fría y amigable en el otoño, empapándose de lluvia y del olor de las brasas del castañero de la Calle Comedias. Silenciosa y misteriosa en invierno, cuando la nieve rellena su corona y sólo se oye el leve sonido de las campanas de las iglesias. Viva y locuaz en primavera, cuando las flores rojas y blancas inundan los jardines del paseo y los jóvenes pamplonicas se sientan en sus escaleras esperándose unos a otros con miles de cosas que contarse y vivir en los recovecos del Casco Viejo.

De pequeño yo la miraba con orgullo. Como algo inalcanzable. Su cabeza coronada siempre en la misma posición. Ese brazo con un papel en piedra enigmático con un 1903 claro y preciso. Cadenas caían de su mano y pensaba que se cansaría de estar sujetándolas. Cambiaría de posición. Pero no. Ahí estaba todos los días, esperando una inauguración que nunca llegaba. Que nunca llegará. Porque los navarros la construyeron para defender su historia y esa peculiaridad la hace especial: Una estatua sin presentación en sociedad.
Ahora, en unos meses volverá a lucir guapa. Y pensará que va a llegar la hora de que alguien le deje cortar un lazo de un manotazo con sus cadenas. Y se dará cuenta de que eso no va a ocurrir y volverá entonces a mirar al horizonte sin fijarse en nosotros. Altiva. Pensativa. Con algo de dolor. Esperando. Esperando...

viernes, noviembre 19, 2010

Tranqulidad y bengalas


La vida son chispazos. De alegría, de tristeza, de deseos, de sueños. Ya me lo dijo mi amiga 'T' una mañana entre vinos esta semana. "David, la vida son como chisporroteos de esos como los de las bengalas". Y tenía razón. Todo va rápido, suavemente rápido y nos sorprende. Lo que parecía imposible, surge con una llama luminosa. Lo admiramos con los ojos bien abiertos y poco a poco se va esfumando para quedarse como realidad en nuestro interior. Lentamente.

'T' también me dijo entre sonrisas que me notaba con otra mirada. Y yo me ruboricé. "Has recuperado algo de esas chispas graciosas que salían de tus ojos cuando te reías por cualquier tontería. Vuelves a ser el de antes". Y no sé... puede ser cierto. Porque me encuentro tranquilo. Voy poco a poco. Me ilusionan las bengalas de nuevo como antes, me río ante el frío y pongo buena cara a los problemas. Si alguien me dice algo malo, procuro no interiorizarlo más de la cuenta. Si vienen lluvias, pongo el parabrisas o abro el paraguas. Si viene día despejado, hago caso a Algora y pongo 'mi mente al sol'...

Las bengalas han vuelto a mí. Y que no se vayan. Nunca más.

domingo, noviembre 07, 2010

Como hojas...



Hoy es domingo por la tarde. En la calle llueve y huele a castañas asadas... es normal... estamos en noviembre, en otoño. Y hace viento. Un poco. Los árboles van dejando el suelo perdido de hojas. Amarillas, rojas, marrones... combinadas con las aceras blancas o negras queda muy bonito.
En La Taconera, uno de los parques más bonitos de Pamplona, un par de niños juegan por los jardines y le han pegado un par de patadas a un montón de hojas que el barrendero ayer debió haber dejado preparado para recogerlas esta noche. Y las hojas vuelan. El viento las lleva lejos. Diez metros. Cien metros. Lejos de mí. Mil metros. Lejos...
Miro hacia el cielo. Veo como vuelan. Algunas lejos, otras se quedan en seguida en el suelo. Y en mi cabeza empieza a sonar el rasguido de la guitarra y el repiqueteo leve de los tambores de una canción de Love of Lesbian. Meto las manos en mis bolsillos y pienso en ella...
"Ahora me escondo y te observo y te puedo decir..
yo mataré monstruos por ti
sólo tienes que avisar..."
Me fijo en una de las hojas. Discreta cae junto a mis pies. A mí, que siempre me ha gustado coger hojas y meterlas entre los libros, dudo esta vez si guardarla. Es demasiado grande y está muy seca. Se rompería. No es buena idea.
"Hoy lo he vuelto a notar..
Cada nube es un plan...
Se transforma al viajar...
Y no me pesa y se va...
Somos nubes no más..."
No es buena idea porque además ha volado hasta mis pies. Buscando un plan. Buscando su sitio. Y no sé si un libro de segunda mano es su lugar. Si busca desintegrarse para alimentar al campo, si busca ser pisoteada, si quiere volar... volar...
"Como hojas que danzan al viento así
nos elevará el tiempo y nos hará rodar y rodar y rodar y rodar..."
Esta tarde me siento como una hoja que quiere rodar y volar buscando nuevos planes, nuevos proyectos y nuevas ideas. Que unos niños me lancen como las hojas al cielo.

"nunca hay final, no hay final, no hay final no es verdad..."

sábado, octubre 30, 2010

Cruz de Olvido



No es una canción triste. Aunque lo parezca. No va a ser un post triste. Aunque lo presienta.

Hace siete años, en un frío octubre de 2003 compré un disco de Chavela Vargas, la mexicana que mejor canta del mundo. Andaba yo revuelto. Lluvioso, mudo y esta canción llegó en ese CD como una promesa.

"La barca en que me iré, lleva una cruz de olvido".
Pintaba en las tediosas reuniones garabatos con forma de barca con una o dos líneas en forma de cruz. Y soñaba que huía de lo que me estaba ocurriendo. Y me prometía que el día que abandonara ese lugar, sería la canción que iba a sonar lentamente mientras veía pasar los árboles, los coches, el mar...

"Lleva una cruz de amor y en esa cruz sin ti me moriré de hastío".
Y el disco fue guardado como oro en un cajón lejos de mi vista para no acordarme, para no ponerlo y romper la promesa que me había hecho. La de veces que estuve tentado a sacarlo de su caja y darle al play para disfrutar de la voz de Chavela. Pero no. Esta iba a ser la canción que iba a sonar lentamente mientras viera pasar los arboles, los coches, el mar y los recuerdos de lo que dejaba atrás.

"Con el atardecer, me iré de ti, me iré sin ti
me alejaré de ti, con un dolor dentro de mí
te juro corazón, que no es falta de amor, pero es mejor así
un día comprenderás, que lo hice por tu bien,
que todo fue por ti.

La barca en que me iré, lleva una cruz de olvido
lleva una cruz de amor y en esa cruz sin ti
me moriré de hastío.

Culpable no he de ser, de que por mí puedas llorar

mejor será partir, prefiero así, que hacerte mal
yo sé que sufriré, mi nave cruzará un mar de soledad
adiós adiós mi amor, recuerda que te amé, que siempre te amaré"

Hoy llovía en Gijón a las dos de la tarde. No era un día feliz como soñé aquel mes de octubre. Pero había que cumplir la promesa. Montado en la furgoneta, los cascos puestos, la mirada fija en los coches, en los árboles, en el mar...

viernes, octubre 22, 2010

Cuevas del Mar



En Llanes hay un lugar que tiene un pedacito de mí. Se llama Cuevas del Mar. Dos rocas intentan abrazarse en el horizonte más bonito que conozco, el mar Cantábrico. Me enamoré de esta playa sin conocerla. Fue hace años en una butaca de un cine de Bilbao mientras veía 'You're The One'. Sí... soy 'garcisista' qué le voy a hacer...
Esa playa donde paseaba Julia y la Tía Gala se me clavó en la retina y desde aquel momento fue uno de los lugares que siempre quise conocer cuando vine a vivir a Asturias. No sabía dónde estaba, cuál era el nombre del lugar... no tenía coche... era complicado. Hasta que la encontré una tarde de otoño y desde aquel día dejé algo de mi en su arena y sus rocas.

Cuando estoy triste, cuando me entra la nostalgia, siempre recurro a este lugar. Con mis pensamientos, con el coche... cojo una piedra, la pongo frente al mar me siento y hago caso a los consejos de la Tía Gala:
"La vida no es tan difícil de llevar
Hay que dormir a la hora de dormir,
hay que comer y beber a la hora de comer y de beber,
hay que pasear cuando hay que pasear,
mirar la mar y el cielo cuando hay que mirarlos
y hacerlo todo como cuando se es joven"

lunes, octubre 18, 2010

Construir



Construir. El futuro, las ilusiones, las amistades, los edificios, las casas, las habitaciones... ¡Qué bonito es construir! Hace un par de años descubrí esta canción de Yael Naim. Fue en un viaje a Francia. Sonaba en la radio y cuando llegué a casa la casualidad dio que uno de mis programas favoritos 'Taratatá' de TV5 (ese canal de la televisión francesa que veía a veces para sentir que sabía algo de francés) apareciera la muchacha y lo cantara alegre con un grupo divertido con miles de instrumentos. Construían una canción, construían algo.

Ando estos días de mudanzas, de cambios, de cajas... la espera empieza a dar sus frutos. Y la casualidad hizo que ayer volviera a mí este vídeo de Yael Naim. Paredes blancas, cuadros, luces... y una banda sonora en la cabeza... Es ahora como me siento cada vez que entro en mi casa. En mi cabecita suenan los primeros acordes de esta canción y la lleno de cajas llenas de futuro, de ilusiones, amistades y felicidad.

miércoles, octubre 06, 2010

Balcones


Las casas tienen que tener balcones. Grandes o pequeños no importa. Pero tienen que tener una puerta a la calle en la que poder sentarse en los atardeceres del otoño que son los más bonitos del año, cuando la luz cae lenta, el frío se va colando suave por las rendijas de los ojos y la mano y apetece acurrucarse con una buena manta. Atardeceres de otoño con nubes naranjas que anuncian cambio de tiempo o vientos que hacen saltar las hojas rojas y amarillas.
Los arquitectos deberían construir todas las casas con balcones, lugares donde poner plantas, donde disfrutar de un buen libro, donde darse un chapuzón en una minipiscina o contemplar las pocas estrellas que te deja ver la contaminación lumínica.
Yo tengo un balcón preferido. Desde él procuro aprovechar en estas tardes de otoño los últimos rescoldos de calor y leer tranquilamente mientras el sol se va despidiendo entre los edificios y el Monte San Cristóbal. Hace unos años, una tarde de esas, sentí la mayor paz interior que recuerdo. Fue solo un momento. El cielo tenía un azul helador y el sol coloreaba de rojo las nubes bajas. Yo miré al frente y me sentí tranquilo y feliz. Desde aquel día siempre regreso en octubre a este balcón con la ilusión de volver a sentir aquello. No ha vuelto a suceder. El balcón me ha ofrecido otras cosas bonitas. Pero esa sensación jamás ha vuelto.
Terrazas, balcones, espacios abiertos... las casas tienen que tenerlos. Hay gente que se empeña en cerrarlos, en convertir el hogar en una caja hermética de cristales. Yo a esto me niego. No hay sitio más bonito de una casa que una terraza, un balcón... Grande o pequeño. Humilde o grandilocuente. Un balcón de felicidad.

viernes, septiembre 17, 2010

Sur otoñal


Lo que voy a escribir tiene algo de delito. No conozco prácticamente el sur. Mi mapa vital no ha traspasado Granada, lugar en el que estuve sólo un par de días rápidos allá por el año 2002. Madrid ha sido una barrera durante mucho tiempo. Hasta que en mi vida llegó Alburquerque y su felicidad. Pero eso queda al suroeste, Extremadura, todavía hay que "bajar" más.... Y mañana empiezo este descenso.

Me voy al Sur. Una semana: Sevilla-Cádiz-Tarifa-Granada. Cuatro destinos, dos con mar, dos con río. Los cuatro diferentes. Cuatro estampas del sur con las que corregir el delito personal.
Porque yo siempre he dicho que soy chico del norte. Muy del Cantábrico.
Hace unas semanas, un compañero de trabajo me dijo:"Es normal que tú cojas vacaciones en septiembre porque a ti no te gusta el verano, tú eres un chico de otoño, un chico de lluvia". Yo no supe bien cómo tomarlo. Pero lo cierto es que L. tenía razón en cierto modo.
Porque nací en otoño. Me gusta ver llover. Me gusta el frío más que el calor, adoro las tempestades... Pero también me gusta el sol, eso sí... cuando cae limpio en una mañana de enero con ese fresquito en la cara es más bonito.
Quizá por eso vaya al sur cuando empieza el otoño. Cuando los chiringuitos estén cerrando y en las ventanas solo haya piedras dibujadas por los turistas que marcharon. Cuando el calor no apriete y la gente no tenga cara de verano... Sur otoñal... suena bien... espero que así sea.

lunes, septiembre 13, 2010

Paisajes


Estos días de descanso ando buscando paisajes. Cotidianos, especiales, diferentes... El caso es hacer algo diferente cada día. Los busco con el coche, los busco con los pies, en los libros, en las fotos, en los recuerdos..
Por eso ando con los ojos más abiertos, los oídos afinados y el tacto limpio. Porque en cualquier sitio aparece un marco que compartir, del que aprender. Ayer, repasando las fotos de mi ordenador encontré un lugar árido al que recurro cuando quiero paz. Paz y sol. No tiene mar azul sino praderas amarillas en otoño y verdes en primavera. Es silencioso y frío en invierno e infernal y ruidoso en verano. A mi me gusta. Me ayuda a entenderme, a saber por qué a veces soy como soy.
De pequeño me daba miedo pensar en la inmensidad de esta pradera llamada 'Tierra de Campos'; 'campos de tierra' según Machado. Cuando íbamos en el coche camino del pueblo de mi padre y pasábamos por aquí, procuraba agarrarme bien al asiento para estar seguro. Me imaginaba solo en una tarde calurosa en mitad de la nada tratando de encontrar la salida. Me daba angustia... Quería llegar pronto... que desapareciera ese vacío.
Han pasado los años y ahora cada vez que vuelvo al pueblo cojo la bicicleta y me acerco a uno de los altos para contemplar esas praderas sin árboles con otro aire. Con más sabiduría, menos ingenuidad y más ganas de paz. Mismo paisaje, diferentes sensaciones.
Ahora busco estar en mitad de esa nada.

jueves, septiembre 09, 2010

Ciudad de ciudades


"Ciudad de ciudades. Pessoa, ciudadano del mundo en su pañuelo portugués, enseñaba que vivir es ser otro; que sentir hoy lo mismo que ayer no es sentir, sino recordar. La ciudad, al igual que cada uno de los ciudadanos que le dan vida, es una máquina de recordar y de olvidar. Los ciudadanos, rumbo a la muerte. Pamplona, firme en el mapa de Carlos III. Ella nos recordará"
José Miguel Irribieri



Esta mañana tomando el café mientras esperaba a que mi sobrino saliera de su tercer día de clase, leí en 'el Diario' este artículo. Ayer, 8 de septiembre, mi ciudad cumplió 587. El mismo día de la Santina, Pamplona celebraba el 'Privilegio de la Unión' en la que se conmemora el fin de las disputas de los tres burgos que conformaban la vieja ciudad: La Navarrería; origen de la ciudad con su preciosa catedral; San Cernín, el lugar de los afrancesados que gestionaban el camino de Santiago a su paso por la Calle Mayor; y el burgo de San Nicolás, con su flamante iglesia fortificación. Carlos III El Noble, los juntó y decidió que había que parar las rencillas. Y se construyó el Ayuntamiento en el lugar vacío donde los tres barrios se separaban. Y ahí sigue. En el mismo lugar... 587 gobernando la ciudad.

Bonito cumpleaños, bonito texto de Irriberi. Recordar y vivir. Sentir y vivir. Las ciudades tienen mucho que decir en esto. Desde la capital en la que me encuentro hasta en las que he visitado o me quedan por ver. A diferentes ritmos, cada ciudad guarda secretos y recuerdos de quienes la habitan para construir su historia. Nos necesita y las necesitamos para entendernos a nosotros mismos.

Cuando dejé a mis sobrino en su casa, miré desde mi coche la torre del Gallico de San Cernín. Símbolo de Pamplona, recogiendo recuerdos, recogiendo historias, quizá 588 historias que celebrar el año que viene.