domingo, marzo 28, 2010

Fresas y nata


Uno de los síntomas de la primavera, además del calorcillo que poco a poco se cuela por las rendijas de mi piel es la llegada de las fresas. Ayer, cuando fui a hacer la compra semanal me topé en la frutería con el olor inconfundible de ese fruto rojo. Yo pedía tomates, pero el cerebro me decía -y fresas...-, compre dos kilos de naranjas, una berenjena -pero no te olvides de esas maravillosas fresas...-, elegí cuatro plátanos, un par de kiwis y claro, al final hice caso a mi cerebro y compré 200 gramos de fresas.

Y nata. Que luego las tomaré con zumo, con leche o solas. Hay muchos días para comprar más fresas en la frutería. La primera vez del año siempre tienen que ser con nata. Fresas con nata. Mezclar el dulce sabor blanco con la acidez perfecta de la fresa recién llegada. Puse un plátano también, para contrarrestar sabores. Y ahora están en mi estómago celebrando que la primavera cumple sus ritos y sus tradiciones y que ellas no me abandonan tampoco en el camino hacia los días felices.

jueves, marzo 25, 2010

Estrellas

"Julen hoy ha descubierto las estrellas, me ha hecho salir a la calle 4 veces antes de ir a dormir". Así me resumía mi cuñado el martes el descubrimiento de un niño de dos años y medio, de una de las cosas más maravillosas que hay en el mundo: Las estrellas.Siempre me ha gustado mirar al cielo. Ver esos puntitos de luz y trazar con mi mente las diferentes constelaciones. Busqué libros, compré mapas estelares, analicé historias mitológicas y siempre me sentía pequeñito, como lo es Julen ahora. Pequeño en un mundo negro y hermoso que se dejaba ver cada noche de diferente manera. Que un día podías ver a Casiopea coquetear con Perseo cerca del suelo y a los meses surcar las alturas montados en Pegaso escapando de sus enemigos...

Recuerdo la primera vez que fui consciente de una estrella fugaz. Fue camino de vuelta a casa un mes de agosto cuando anunciaban una lluvia de estrellas como nunca había sucedido y nunca llegó a suceder. (Me quedé casi dormido en balcón de mi casa con un colacao y una manta intentando presenciarlo pese a las otras luces de la noche, las farolas). Desde ese día me enamoré del firmamento y me prometí que algún día tendría un telescopio. Pasan los años y por un motivo u otro, ese sueño siempre queda en el cajón de las cosas prometidas....

Pero hoy va a cambiar. Julen me ha dado la pista. Me ha recordado el sueño y voy a cumplirlo. En breve nos iremos al monte a ver las estrellas y le contaré las historias que a su tío le hicieron soñar e imaginar lo pequeño que es uno.

Esta mañana mi cuñado me comentaba lo siguiente: "Nada más levantarse ya quería ver "estella, estella", ha habido que explicarle que sólo se ven por la noche, como esta noche esté nublado podemos tener jaleo...."

No te preocupes Julen, las estrellas siempre están con nosotros. Yo te voy a enseñar a quererlas.

viernes, marzo 19, 2010

Al sol.



Ya llega el sol. Llevo un par de semanas con esta canción guardada en el cajón de mi mesita para soltarla hoy a los siete mares. Por eso me la pienso poner mirando al mar desde el elogio del Horizonte y cantársela con mis ojos al agua y al infinito.

Es algo que siempre quise hacer. Celebrar la llegada de la primavera. Porque la primavera ha llegado después de un duro invierno en todos los sentidos. Y aunque el frío nunca me abandona (para eso soy un hombre enamorado de la nieve), necesito ver algo más de sol, recuperar los olores de la primavera, los verdes de los árboles y los paseos tranquilos.

Ya llega la primavera. Y los Beatles hicieron esta maravilla intima y sencilla. ¿Quién no sonríe con sus primeros acordes?... Creo que nadie se puede resistir y decirse a sí mismo como ellos con una voz adulta, añorable y resguardada: "Todo está bien."

lunes, marzo 01, 2010

Papeles y recetas


Esta mañana me he dado cuenta de que a veces la mejor terapia para solucionar un problema es escribir... Bueno... llevo tiempo dándome cuenta de eso... pero esta mañana lo he puesto en práctica de la manera más efectiva y rápida que recuerdo.
Porque esta mañana las nubes grises habían venido a visitarme en un día soleado. En una mesa de trabajo llena de papeles que no me decían nada y de voces que retumbaban sin cesar con sus frases grandilocuentes. Y yo miraba al frente sin ver, miraba a los lados sin observar y mis dedos cogieron un boli. Y entre los garabatos de mi bloc de notas sacaron de mi interior una receta mágica que me dio paz:


"En función de lo que te afecte lo que te digan, tu enfermedad irá ganando terreno. Suelta lastre. Suelta lastre. Arpende de lo bueno, tamiza lo malo y desecha lo dañino. Sólo así conseguirás un sonrisa tranquila y feliz.
Ellos se ríen, tu también. Ellos en su espacio exterior, tú en el tuyo interior. Que nadie se crea que es fácil hacerte daño. Construye tu muro y sigue tu camino"

Lo leí una vez escrito un par de veces. Sin darme cuenta de lo que había escrito. Y de pronto mi mirada volvió a ver los dibujos que tenía mi bloc, los calendarios con miles de planes, las palabras mil dibujadas, los tachones, los trabajos por cerrar.... y las voces dejaron de hacerme daño. Ya tenía mi receta. Mis dedos me la habían dado. La arranqué de mi bloc y la guardé en mi bolsillo del pantalón. Y ahora, la quiero compartir.

sábado, febrero 27, 2010

Vientos.

Cuando salió en la conversación el fenómeno de la ciclogénesis explosiva un amigo afirmó rotundamente: El viento trae cosas buenas y se lleva las malas. Y seguimos tomando el café dando por zanjado el tema. El viento trae cosas buenas...Con eso me quedé... Me lo guardé en mi interior. Y seguí con mi quehacer diario.
Hoy han rondado vientos fuertes por mi cabeza y por mi casa. Y cuando caminaba se colaba arenilla en los ojos. Pero no lloraba y seguía mi camino. Yo sigo, pase lo que pase.
Esta tarde, mientras veía el oleaje fuerte noté que de mi cuerpo volaba una pesada carga hacia el norte. Y se escapa por los aires. Rumbo al mar. Y me sentí más libre, más ágil y me quedé con la segunda frase de mi amigo: "adiós a las cosas malas".
Pues eso. adiós.

miércoles, febrero 24, 2010

Servilletas


"A veces pienso que el cerebro tiene envidia del corazón. Y lo maltrata y lo ridiculiza y le niega lo que anhela y lo trata como si fuera un pie o el hígado. Y en ese enfrentamiento, en esa batalla, siempre pierde el dueño de ambos.

De escrito en servilletas."

David Trueba. 'Cuatro amigos'

Las servilletas de los bares siempre han sido un mundo por descubrir. Uno se puede limpiar en ellas, las puedes arrugar para destensar tu cuerpo ante una discusión, quemarlas con un cigarrillo haciendo filigranas o puedes garabatear en ellas. Miles de dibujos, miles de ideas, miles de cosas en horas muertas de conversaciones discretas, alegres, tristes... dibujos y palabras.

Y lo peor es que muchas veces acaban en la mesa abandonadas. Y recogidas sin mucho interés por los pacientes camareros. Y dejamos ahí trozos nuestros sin darles el valor que merecen. Yo me he propuesto en mi constante "síndrome de Diógenes" no tirar ninguno de estos papelajos que garabatee a partir de ahora. Y hacer si puedo con ellos, cosas tan maravillosas como las que escribe David Trueba.

jueves, febrero 18, 2010

Direcciones



Llevo unos días repitiendo la misma dirección en mi cabeza: "Siempre hacia adelante. Siempre hacia adelante". ¿Hacía qué lugar? No importa. Hacia adelante. De momento lo importante es seguir y no perder el ritmo para salir de aquello que tanto daño te hizo. Dejarlo atrás.
Y en ese camino me encuentro con el frío, con las sonrisas de un niño, con un buen té, con unas piedras con las que tropezar, con trabajo, con unas cañas mañaneras, con miles de kilómetros de distancia, con el nuevo disco de Tachenko, con unas llaves que no funcionan, un par de libros por estrenar, con sueño, un plato de sopa de verduras impresionante, un guiño de ojos radiante, con un buen trozo de tarta de chocolate, una playa desierta, una bolsa de palomitas para ir al cine, una lágrima contenida, el silencio por respuesta y una señal en las montañas nevadas que me dice: "Sigue adelante".
Y eso es lo que estoy haciendo. Seguir mi camino. Sin prisa. Con velocidad. Sin pausas. De Seguido. Como sea, pero con paso firme y feliz.

lunes, febrero 01, 2010

Preguntas



Cuando uno conduce, las canciones suelen ser buenas acompañantes. Mucho más si vas solo delante del volante. La autopista es monótona y da qué pensar. Y si esas ensoñaciones se acompañan con música el cuerpo se acomoda al viaje, al paisaje y todo se convierte en un trocito habitable.
Hace un par de meses cayó en mis manos una joya musical. Era de noche, en torno a las dos de la mañana. Estaba doblando la última curva de la autopista en Altube camino de regreso a Pamplona. Una vez más. Un fin de semana más. Y de pronto, la lista de reproducción de mi Ipod eligió que era el momento de darme este regalo: 'La luna debajo del brazo' de Quique González.

La noche, entre guitarras, me hizo lentamente esa pregunta: "¿Cuándo vas a venir otra vez por aquí?" Y yo quise contestarle. Pero no me salían las palabras. Sólo silencio y estrellas. Silencio y estrellas. Atento a la voz de Quique, a su melodía, "como si fuera a llevarme la luna debajo del brazo".

Y me vi en verano con el coche de viaje por Cádiz como dice la canción. Con mis amigos, riendo entre salitre y cervezas... Me vi en conversaciones trágicas y alegres con cafés y sillas mal colocadas en los bares de siempre... "como si fuera a llevarme la luna debajo del brazo".

"lo tuvimos tan cerca que nunca lo vimos
lo perdimos tan fácil que valió la pena"

Cuántas cosas pasan por la vida de uno de esta manera y nos damos cuenta de lo importantes que son cuando han pasado.

"y ahora quiero llamarte por teléfono
y decirte que aunque no me diera cuenta en aquel momento
aquello fue importante para mí"

Aquella noche fue importante para mí. Y hay días que me acuerdo de aquello que sentí como nostalgia. Y espero. Con emoción y paciencia. Espero pensando a que la noche me vuelve a preguntar entre guitarras "¿Cuándo vas a venir otra vez por aquí?.

(.... i'm coming .....)

sábado, enero 30, 2010

Pasos y muros


Mi vida siempre ha subido y bajado. Cuestas altas de emociones fuertes y grandes bajadas que no me dejaban ver mi objetivo. Andar, andar... siempre buscando un camino menos pedregoso, menos aspero, donde descansar mis pies. Ingenuo de mí...
Estos días estoy caminando despacio reconociendome sobre un firme liso. No quiero más altibajos. Me he propuesto caminar sobre arena suave que me dé tranquilidad. Y aunque a veces me encuentro alguna duna procuro atravesarla con una sonrisa. Las cuestas son inevitables. Para eso somos complejos, para eso somos seres humanos. Pero la manera de enfrentarte a ellas es lo que realmente le hace a uno crecer y no sufrir más de la cuenta. Sé que voy a ver muchos muros en mi vida, muchas pendientes y muchos abismos, pero voy a procurar sonreír más y asumir que van a estar siempre ahí porque como me decía mi amigo D.: "Atravesar un muro es imposible, lo mejor es habitarlo."

lunes, enero 18, 2010

Tranquilidad.


Las ciudades tienen sus formas de ser. Unas son ruidosas y alegres. Otras agresivas pero entrañables; las hay ariscas, sucias, entrañables, nostálgicas..... Para mí Wahington es una ciudad tranquila.
Tras el bullicio neoyorkino, cuando mi cuerpo cansado llego a la capital de los Estados Unidos se adormeció y vivió los días en una tranquilidad. Ya me lo habían dicho, Washington es un lugar en el que todo pasa relajado, no hay prisa. Es perfecto para ir con niños... je,je
Yo no iba con niños, pero he de reconocer que en algunos momentos volví a mi infancia viendo el Museo de Historia Americana o recorriendo los lugares infinitos del Museo de Historia Natural y el del Espacio.
En Washington se puede pasear, respirar, estar tranquilo y conversar con los amigos sin prisa por la hora. En mitad del Mall, la pradera que va desde la Biblioteca del Congreso hasta el Monumento de Lincoln, hay compañeros de empresa que juegan al fútbol en su ratos libres, gente haciendo tai-chi y mucha luz y silencio de ese necesario para recuperar la sonrisa perdida con el paso de los días. Porque el tiempo es importante y aquí, en Washington, la gente lo sabe disfrutar.

domingo, enero 17, 2010

Aviones....


¿A quién no le gusta volar? Vale... A veces da miedo. Lo sé. Yo que tengo vértigo soy la primera persona en decirlo... Pero volar es maravilloso. Es una pena que los aviones tengan tan pequeñitas las ventanas. Con lo que me gusta a mi mirar a través de esos circulitos. Todo pequeño, todo reconocible. Ver los montes, los ríos, imaginarme cómo son los pueblos por los que sobrevuelas. Cómo serán sus gentes, qué preocupaciones tendrán, cómo será su día a día, su vida. Aprender. Aprender. Sobrevolar y observar....
En Washington hay un pequeño homenaje a ese sueño que a todos nos ilumina la cara. En el Museo del aire y del Espacio de la ciudad se encuentra el viejo avión que todos conocemos como el Espíritu de Sant Louis. El auténtico. El de metal con sus tornillos, su soldaduras y sus ruedas y hélices finas que dan miedo.
Allí colgado en las alturas del gran hall, el primer avión que atravesó el Atlántico sin parar es un sueño infantil para todo el que pasa. Cuando entramos al Museo cientos de niños miraban hacía arriba a ese pequeño aeroplano. Había naves, misiles, estaciones planetarias, equipajes, trajes de astronautas... pero este pequeño avión tenía un espacio especial en los corazones de todos. Se dejaba ver y se sentía observado.
Y yo me imaginé montado en él recorriendo sólo los kilómetros bajo el agua del mar pensando si llegaría o no... Y me entró una mezcla de emoción y escalofrío con unos toques de felicidad al pensar en el aterrizaje en París como un héroe infantil, un personaje que había conseguido la proeza de ser recordado por algo feliz y que a todo el mundo le gusta. Volar...

Volar, volar, volar....

viernes, enero 08, 2010

Carreteras


Siempre he sido una persona montada en un autobús. Todos los acontecimientos importantes de mi vida se asocian a este transporte. En él he pasado las horas más tranquilas de mi vida. Mirando por la ventanilla, escuchando mis míticos cd's, leyendo un libro o cerrando los ojos imaginando lo inimaginable, analizando lo hecho y proyectando el futuro.
Autobuses de ida y vuelta. Pamplona, San Sebastián, Madrid, Bilbao, Gijón, Oviedo, Palencia, Granada, Barcelona, Logroño, Burgos, Santander, Zaragoza.... De dos pisos, minibuses... Siempre con prisas, siempre con sueño... Siempre ahí.

Por eso tomar un autobús en Nueva York para ir a Washington no me supuso ningún problema. Es más, fue un aliciente. Salir de Manhattan y ver el Skyline desde New Jersey, recorrer las carreteras de varios Estados, ver Baltimore y recordar la canción que Counting Crows le dedicó a esta ciudad y que tantas tardes de invierno me acompañó...

Autobuses... El medio de transporte de mis sueños. Siempre me gustó sentarme en los asientos intermedios donde no molestar y donde nadie me moleste. Mirar por la ventanilla y dejarme llevar. Y aunque en este viaje nos pusimos en las primeras filas hice lo mismo. Eso sí. Con un libro que me enamoró y me reconcilió con la vida (Gracias Ruth por recomendármelo... tenías razón...).

Y fue más que un viaje. Porque no sabía que cuando llegara a mi destino me iba a encontrar con que una ciudad iba a conquistar mi corazón tan bruscamente: "Y de pronto, Washington." Esa fue mi frase. De pronto en mi vida. Trastocando mis conceptos. Llenándome de paz y felicidad.

martes, enero 05, 2010

Noche de Reyes


¿Te has portado bien? Vale... es una pregunta que a veces es difícil contestar... pero cuando te la hace un niño un 5 de enero en una carroza llena de caramelos la cosa cambia. ¿Te has portado bien? Yo le contesté con un gesto. Una sonrisa luminosa. Y con eso bastó para que ese año se me cumplieran todos los deseos.



Noche de reyes. 5 de enero. Magia e ilusión. Padres y niños se convierten en uno. Todos vivimos aquello que nunca debimos perder: la inocencia. ¡Qué sería de nosotros sin esa fragilidad que nos hace ser buenas personas! Por eso cada 5 de enero renovamos los votos de nuestra inocencia que poco a poco perdemos con el paso de los días y que esos tres personajes nos recuerdan que nunca debimos abandonarla.

Reconozco que tengo debilidad por esta tarde-noche.... Nunca saldré y siempre me iré pronto a la cama. Se me iluminan los ojos cada vez que me ciño la bufanda y los guantes para ver llegar en sus camellos a sus majestades. Ya no les grito. Sólo sonrío. Para eso están los niños de mi alrededor. Yo les hablo por dentro. Ellos los saben. Con eso basta....

¿Me he portado bien? Me pregunto este año... Y yo creo que sí. Eso espero. Esta noche me iré pronto a dormir y mañana comprobaré que las ilusiones y los deseos se empiezan a cumplir. El primero, ver sonreír a los que tengo a mi alrededor. Y eso, seguro que se cumple.

domingo, enero 03, 2010

La secta de la Manzana


Me gusta la fruta. Tengo esa suerte. Como de todo. Las que más las fresas y las cerezas. Aunque la mandarina aplastada en mi boca (lo hacía de niño...) tiene un sabor espléndido. Y las peras maduras me encantan. Sólo le hago algo de ascos al melón y la sandía... Qué le voy a hacer... Pero si me ponen delante un racimo de moras no hay quien me pare. Y además hay una que me fascina sobre todo: La manzana.

Vale. Reíros.... Ya está el friki con su manzana... Pues sí. Soy adicto a la manzana. Si algo me caracteriza es mi fanatismo por la fruta mordida (que no prohibida). Llegó a mi vida en los noventa y el flechazo todavía me dura. Es ver un Mac y se ilumina el alma....Y en Nueva York no podía faltar. En esta ciudad que todo lo tiene, Apple tenía que dejar claro su lugar en la ciudad. Y yo tenía que encontrarlo.

Nos lo topamos frente a Central Park en la Quinta Avenida... dónde si no. Un edificio subterráneo lleno de ordenadores, gente joven que reía y hacía cola para probar el nuevo Imac. Para entrar había que bajar unas escaleras circulares que te alejaban del mundanal ruido. Yo caí en el agujero feliz y compré... cómo no... Adquirí una funda para mi Ipod que uso todos los días y que tanto me ayuda a llevar el día a día...

Apple es mucho para mí. Más que un ordenador. Es una forma de ver las cosas... Los que compartimos este gusto sabemos de lo que hablamos y nadie más nos entiende. Por eso somos "secta" como me dice mi amigo Juan Carlos (algún día abandonarás el PC... verás).

Cuando fui a pagar el artilugio, la muchacha que me cobraba miró sorprendido mi tarjeta de crédito... Yo le dije.... "From Spain, Pamplona!" Y el sonriente me dijo sin dudar "Oh yes!!! San Fermín!!!!" Sus compañeros de al lado se empezaron a reír. Al final, después de darme la tarjeta, me dijo sonriente "adiós pamplonies..." Y yo ni corto ni perezoso le dije: "Agur!" No sé... Ella se quedó sorprendida. Pero la cola apremiaba y no hubo tiempo de explicaciones. Me fui solo con una sonrisa de oreja a oreja a la búsqueda de mis compañeros de viaje. Y abandoné la cola una vez más... enamorado de la tienda Apple... y de formar parte de la secta más maravillosa del mundo... La secta de la manzana...

jueves, diciembre 17, 2009

De regreso


Durante estos días cortos y noches largas he abandonado los espacios habitables de mi viaje a Nueva York y Washington. Varias cosas han pasado por mi vida que me han llevado por otros derroteros. Pero hoy de pronto mi pequeño ordenador ha recuperado las fotos que me faltaban del viaje. Esos pequeños pedazos de recuerdo que me quedan. Y me he dicho: Te falta por contarte a ti mismo delante de estas teclas la mitad del viaje. Así que retomé el barco que nos llevó el primer día de Staten Island a Manhattan y aquí estoy de nuevo... viajando... Continuemos!!!

domingo, diciembre 13, 2009

Música del frío

Llega un temporal de frío. Siberiano parece ser. ¡Con lo que me gusta a mí la nieve! Siempre he dicho que el invierno no llega hasta que no veo algún copo de nieve caer. Y ya podemos estar en febrero que siempre tendré esa sensación de que el invierno está por llegar. Ya me podré haber puesto la bufanda, los guantes, observar el vaho de mi respiración o no mirar más que al frente con ganas de llegar a mi destino, que siempre pensaré que lo mejor del invierno está por llegar.

Y se aproxima un frente siberiano con nieve. Espero que mucha. Para poderla pisar tranquilamente y reír mientras otros se desesperan por conducir sus pesados coches.

Y tengo también ganas de que llegue para poder escuchar su música. Porque la nieve tiene música. O mejor, su banda sonora. Una melodía interminable que salió de la cabeza de Tim Burton en 1990 para quedarse con nosotros.

Siempre recordaré la escena de Winona Ryder bailando mientras Eduardo Manostijeras esculpía un ángel para la fiesta de la familia. O la construcción de Eduardo en la gran mansión con el profesor Vicent colocándole un corazón con forma de galleta.... Esa música se metió en las entrañas y siempre me acompaña en estas fechas. Música heladora para sentir el calor y lo humano del frío.

Eduardo Manostijeras. Una película de invierno, una película de navidad. Siempre la veo en estas fechas acurrucado en el sofá con una manta e imaginando ese lugar, hipnotizándome con su música, con su magia. Y hacer mías esas frases finales....

"A veces aún bailo bajo la nieve. Antes de que él viniera, no nevaba nunca. En cambio después, si nevó. Si él no siguiera vivo, ahora no estaría nevando..."

¡Que venga la nieve! Rápido!


jueves, diciembre 10, 2009

Brazos y mensajes.



Hace unos meses, una noche de esas raras, me vino a la cabeza esta canción y este vídeo. Y a unos cuantos amigos les escribí un mensaje "de amor". Unos contestaron. Otros no.

Hace unas horas me ha venido a la mente estos sonidos y esas palabras. Y he vuelto a sonreír como cuando recibí la primera contestación al mensaje. Gracias Do. (¿Ves como eres importante en todo lo que me pasa?)

Estoy sentado frente a la ventana de la habitación que más horas ha ocupado en mi vida. Mirando el viejo barrio de la Txantrea. Y veo cómo se va oscureciendo hasta dejar en penumbra todo lo que me rodea. Las bajas casitas dejan ver a las farolas que se convierten en velas, las nubes se ponen rojas con el atardecer y los montes se despiden con un rojo pálido. Todo es rojo. Un rojo frío invernal. Raro pero es así. Fuera el termómetro marca 10 grados y la gente se pone bufanda. Llega el invierno.

Aquel vídeo y aquel mensaje estuvieron en mi cabeza semanas. Era pensar en él y se ponía un nudo en la garganta. Lo he recomendado miles de veces a la gente que veía sufrir por algo a mi alrededor. "Piensa en lo que tienes, piensa en los que te quieren y que nunca estás solo"... Y funcionaba... siempre funciona.

Estos días me lo estoy recomendando a mi mismo. Y poniendo al día el mensaje que envié junto a la canción de los Manel:


"El miedo bloquea. A mí me pasa. No puedo huir. Aunque lo intente.... Y de pronto te encuentras a Manel. Esos chicos catalanes que hacen maravillas como esta. La canción no tiene mucho que ver con el vídeo, pero no importa. Sigue siendo una maravilla, gracias a la que descubres que siempre puedes contar con algo pequeño o grande en número pero necesario para sobrevivir. Amigos. Que siempre están ahí para que nunca, nunca, nunca, nunca toques el suelo frío. Y que te abrazaran con un gesto, una mirada, su calor cuando las lágrimas lleguen a ti."

Pues eso. Hace unos meses, hace unos días, hace unas horas todo sigue siendo lo mismo pero con la suerte de ser diferente a la vez. Porque por mucho que parezca que todo se va a pique, que las cosas no funcionan seguís estando ahí, con una mirada, un café, una palmada o una llamada de teléfono o un paisaje cotidiano que hace que uno no se caiga.

viernes, diciembre 04, 2009

Canción de Viernes


Amanecía un domingo de noviembre. No era viernes. Entre miles de compac disc ella tuvo que elegir el último de Cooper para despertarnos. Mañana lenta. Preparaba un zumo de naranja y un café caliente en una de las casas con las mejores vistas de Oviedo. Y una sonrisa. Tranquila y amable. Esas cosas que nunca falten.

Yo tenía legañas y algo de frío. Su compañero estaba en su habitación y ella estaba concentrada en la encimera de la cocina.

-"¡Has comprado donuts!", le dije
-"Si... y magdalenas... para que desayunemos...aunque a estas horas...je,je".
- "Pues haremos un brunch!", le respondí yo.
Salió un momento del salón y me dejó solo con Cooper y las vistas. Y sonó esta canción. Como un regalo. Miré al horizonte desde la ventana y salió el sol tibiamente. Luego se ocultó. Como una premonición. Momento detenido.

Hoy es Viernes. Ayer me sumergí en lo más profundo como dice Cooper. Por un segundo. Y lo he intentado todo y ya no se me ocurre nada más que prometer....Bueno... sí... que a partir de ahora me toca ser el que no llora.

Bonita canción. Hoy es viernes y me largo quince días a descansar. Fuera de mi mundo gijonés. Lejos. Y me llevaré esta canción como banda sonora. Y aquella mañana de domingo como recuerdo. Mirando por la ventana más bella de Oviedo. Con la mejor compañía. Con la felicidad.... Sin lágrimas....

Como espacio habitable. Os quiero "Dados". No os imagináis cuánto... no os lo imagináis....


Viernesssssssssssss......

miércoles, octubre 28, 2009

Testigo de la ciudad.



El Puente de Brooklyn tiene 1825 metros de largo. 5989 pies. Imagínate poner los talones uno de tras de otro... juntos, mirar al suelo... tacón con tacón y empezar a contar. Desde la Printing House Square en Brooklyn hasta Manhattan te salen casi seis mil... Sin equivocarte ni volver a empezar. Menudo trabajo

El Puente de Brooklyn es un gran símbolo. Une y separa los sueños de la gente. Los que vienen y los que van. Porque hay más puentes en Nueva York, pero este es 'El Puente'. El que más se fotografía, el que más se sueña, el que más se pasea, el más antiguo de la ciudad.
Se empezó a construir en 1852. No físicamente, pero sí en la cabeza de John Augustus Robebling, un ingeniero y propietario de una compañía metalúrgica, que no pudo llegar un día a Brooklyn porque el Ferry que lo llevaba a su casa no podía cruzar el Hudson debido al hielo. Allí decidió que había que hacer un puente fuerte y consistente. Tres años más tarde diseño el proyecto y comenzó a construirse en 1870. Se acabó el 24 de mayo de 1883. Su autor no pudo ver terminada su obra. Murió de tétanos. Se fracturó gravemente un pie durante el proceso de construcción por culpa de un choque con un ferry. Su extremidad no aguantó. Tuvieron que apuntarle los dedos, pero no fue suficiente y la dolencia pudo con el ingeniero. Le sustituyó su hijo que también sufrió una enfermedad por su trabajo en los pozos de cimentación. Su mujer se convirtió entonces en su ayudante y transmitía sus órdenes como una ingeniera más. Por eso fue ella quien pasó por primera vez el puente. Una mujer.

Que es una obra de arte nadie lo duda. La piedras viejas de sus dos grandes pilastras son dos grandes ventanas góticas sin vidrieras. Los cables de acero dibujan durante el camino líneas y figuras imposibles de olvidar. Son perfectas. El paisanaje camina rápido andando o en bicicleta por el centro del puente. Los coches a un lado. No son los protagonistas. Quien manda aquí es el peatón sonriente que se aleja de los rascacielos camino de casa o camina con paso firme hacia el bosque de edificios más maravilloso del mundo.

Este puente ha vivido grandes momentos. Algunos tristes, otros alegres. Es uno de los personajes con más solera de la ciudad. Ha sido testigo de la transformación de la vieja Nueva Amsterdam a Nueva York. Cuando iba caminando por su zona peatonal me venían a la mente las imágenes de aquel 11 de septiembre cuando todo el mundo huía de la ciudad por sus piedras. Es el puente más cercano a la zona cero y era la única manera segura de huir de la Gran Manzana.

Por suerte, yo los hice desde el barrio neoyorkino hasta la isla. Mi 'peregrinación' fue a eso de la una de la tarde. El sol pegaba fuerte y el río estaba en calma. La ciudad se iba a acercando a nosotros tranquila. A cada paso los edificios eran más armoniosos... Todos colocados perfectamente. Dejando a la luz el maravilloso skyline de New York. ¡Cómo ha visto cambiar este puente esta ciudad!
Entonces me acordé del final de la película de Scorsese 'Gangs of New York'. Leonardo Di Caprio desde Brooklyn se despide de Manhattan con unas frases que bien valdrían para lo que la ciudad vivió el 11-S. Pero sobre todo, el montaje final reflejaba lo que significa este puente en Nueva York, ese paso del tiempo imperturbable sobre sus piedras... Y esa música, la de U2, se me metió en la cabeza y formó y forma parte de mi paseo, de la banda sonora de este lugar. De estos casi 6000 pasos que hice una tarde de septiembre.


domingo, octubre 25, 2009

Tristes esquinas, tristes aceras.


Lo mataron aquí. Un 8 de diciembre. Cuatro tiros por amor, por locura... no sé... Sólo sé que fueron cuatro tiros los que impactaron en John Lennon cuando salía de casa. Cuatro balas certeras. El cuerpo tirado en el suelo y el mito vuela por los aires de Manhattan.

Es la acera más triste de Nueva York. Un bordillo circular que nadie pisa por respeto a Lennon. Lo pude comprobar en el rato que estuvimos frente al edificio Dakota (llamado así por el indio que tiene en la fachada principal). Tiene algún desconchón arreglado con cemento y restos de gravilla. Pero eso sí, está limpia. Reluce. Ni un papel, ni una pintada, ni un ramo de flores. Es la entrada de una vivienda de lujo pese a ser un lugar de culto para los amantes de la música.

La casa de Lennon estaba frente a Central Park, y allí su viuda instaló un pequeño monumento de rosas con el símbolo de la paz que nos recueda a John. Todo íntimo y a la vez trascendental...
Pero esta acera gris es muy simple. Sólo el cartel de "prohibido el acceso" del edificio es un elemento extraño. Cuando llegamos dudamos de si este era el lugar, pero el portero nos miró con cara seria y antes de respondernos ya sabíamos que era aquí. Tan cerca de nosotros. Este lugar...

Los turistas se quedan parados frente a él. Incluso algún neoyorkino que pasa por la calle con ritmo seguro. Con mucho respeto unos miran al cielo, otros a su interior y se agarran a la persona que tienen a su lado o a sus recuerdos y sus vivencias. Todos en silencio y con cara triste.
Porque este es un lugar especial. Muy especial. Incluso el que odie a los Beatles, no le hagan demasiada gracia o sea más de los Rolling Stones sabe que aquí se cometió una injusticia. Mataron a un hombre. Mataron una parte de nosotros.